Silencio

Algo ocurre…
Al cruzar el marco de la puerta del pequeño apartamento hacia el afuera de largos corredores que conectan las pequeñas cajas de ladrillo naranja y cemento gris, ésas a las que en esta prisión geográfica, muchos llamamos hogar. Algo ocurre al salir, ajustar la mirada por la incipiente y lechosa luz de la mañana que perezosamente ilumina las grietas de las paredes.

Inicio el camino.
Los audífonos puestos y conectados, los sonidos de las voces de aquellos que despiertan, acallados; los tenedores golpeando las ollas al revolver huevos, aislados; el agua que corre en las duchas, distante; el sonido de mis pasos, en silencio. Qué escuchar, es lo que sigue. A qué sonará el recorrido hoy, es la pregunta de siempre que anima y emociona.

¿Coil?¿Teho Teardo y Blixa Bargeld?¿Martial Canterel?¿Badbadnotgood?¿Haus Arafna? Hace frío, llueve un poco y el portero malencarado que rara vez corresponde mi saludo. Le desagrado tanto como él a mí, pero me consuela imaginar que su vida es infinitamente más miserable que la mía y aquel pensamiento siempre me facilita decidir qué escuchar. Otras veces, la banda sonora es elegida a razón o por consecuencia de doña María Antonieta; la vecina sesentona, solterona e igualmente antipática, que madruga a pasear el decrépito pequinés que tiene de mascota; animal rehén de afectos no correspondidos, existencia sometida a la frustración sexual del amo, maquina de ladridos insoportable. Gracias a ella (Doña María Antonieta), los sonidos de Death in June o Nurse With Wound han adquirido un sentido adicional que alienta de manera efectiva las caminadas hasta la estación.

Hoy será nuevamente, como lo fue ayer y antier y el día antes de ése; Chinawoman con su tema “Let’s part in style”. Toda la semana ha resonado la melodía en mi cabeza mientras se repite en mis oídos, sumergiéndome en su sombría y oscura atmósfera. Su letra afilada complementa el ritmo de mis pasos, permitiéndome cortar el viento. Cuatro minutos treinta y ocho segundos que se multiplicarán hasta alcanzar mi destino, sin distracciones, caminando entre lo otro y los otros, solo, satisfecho, seguro.

A lo lejos, un caminante que al verme prefiere cambiar de acera, alegría fugaz que reconcilia el espíritu. Un charco, el de siempre cuando llueve, ése, el que disfruto pisar, goce aprendido por salpicar y salpicarme con agua de charco. El olor a pandebono, a hollín de buseta y agua mierda, tan familiares siempre en la misma esquina, ambientando y ambientándose por lo que suena en mis oídos. Cada beat, cada palabra, la voz de Michelle… y la estación al fondo.

Gente, ¡tanta gente! entrando y saliendo de aquel mercado flotante. Bisutería, chucherías y parva remojada en café con leche, despertando entre la lluvia de la mañana al ritmo de aquellos que llegamos para irnos.
La fila.
Las escaleras.
El policía de hormona explosiva y olor a trapo de aseo, mirando a ver quién cruza la línea amarilla para honrar el uniforme. Tres audio parafílicos a la vista, conectados a sus audífonos, esperando en la plataforma como yo, a que llegue el tren.
En silencio.

¿Qué escucharán?, pienso.
Ésos, el de cachaco asistencial de agencia inmobiliaria, la jovencita en uniforme para escuela de belleza o el gordito con camiseta de selección Colombia.
Cuál será su banda sonora, ¿tal vez rocksito? ¿música romántica? ¿clásica? ¿acaso un audiolibro de contenido aspiracional? ésa siempre es una posibilidad… ¿Pop? ¿Serán osados en las mañanas de montaña y estarán escuchando reggaeton o vallenato, salsa, metal de morro, músicas electrónicas? Pff.
Cómo no seguirlos para analizarlos durante el viaje, finalmente hacemos parte del mismo equipo de conectados y ése es mi juego preferido. Ya en movimiento y dispuesto a especular de cada uno, decido cambiar Chinawoman por algo más apropiado. Escojo escuchar: Triángulo de Amor Bizarro, sus letras en español llenas de referencias metafísicas e influencias “My Bloody Valentine” son perfectas. Suena entonces “Un Rayo de Sol” y en honor a ello, a por el gordo devoto que forra sus carnes con amarillo satín, cual sol andino discípulo del gol.

¿Qué escucha? pienso.
¿Qué hace vibrar al joven Buda de morcilla?
En principio creo que tiene que ser algo brutal, crudo y rápido. Algo cómo Silvestre Dangond, eso siempre pone a vibrar las abundantes carnes, especialmente cuando le canta al despecho cómo en “Ya no me duele más”. Pero sus ojos y su expresión de placer indican algo distinto, creo que puede estar escuchando algo más picante. ¿Tal vez Lil Silvio & El Vega con su tema “Tienes la magia”? invitación maravillosa de amor excremental. Seguro es un curiosillo, un aventurero de ardores. Sí, ésa es la que escucha.

Dos estaciones menos y aún juntos, siempre es buena señal.
Suena en mis oídos: “Ellas se burlaron de mi magia”, por lo que inevitablemente, a por la enfermera de color pastel y ojos negros. Ella, mujer de genética predecible, nalgas maternales y senos tímidos, ¿qué escuchas? Supongo que por el color de sus audífonos perlados, algo maravilloso. Algo Pop, lleno de matices y arreglos pegajosos, letras gamuzadas y beats algodonados. Seguro, “Duele El Corazón” del fabuloso y multitalentoso Enrique Iglesias. No por eso en su teléfono también están almacenadas otras cosas bien bonitas y actuales como, “Me Llamas” de Piso 21 o “Sin Contrato” del indispensable Maluma, que seguro tararea sin cansancio disfrutando el sabor a vómito que deja en su boca.

A una estación de mi destino, el tiempo se agota y aún no analizo al cacahuete de paño. De todos, aquel chico es el plato fuerte del viaje. Parece que ya no llueve y el sol salió del morro. Poco tiempo para un último cambio de atmósfera. “Silence Is Golden” suena inmediatamente; Tanz Ohne Musik, uno de mis nuevos amores sonoros, perfecto para el juego, ideal para alentar la misantropía que alienta el espíritu.

Aquel chico escucha… Muy tarde, he llegado a mi destino.
Hora de quitarme los audífonos.
Por acá roban mucho.
Ratas.


Formal de Hyde

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