Santiago Botero – Milagrito

Santiago Botero
Milagrito
Discos Chichigua
2018

Tratar de definir el término música contemporánea puede ser una discusión bizantina, sobre todo si se tiene en cuenta que para algunos el término contemporáneo es erróneo en términos temporales, y les es preferible hablar de posmoderno o música posmoderna. Este texto no pretende resolver esta problemática, más bien afirmar que Milagrito es una demostración sonora del término música contemporánea: música que ocurre en nuestro tiempo.

Milagrito es realmente una hazaña desde cualquier punto de vista, una que se felicita y se agradece enormemente, (sobre todo los profesores de orquestación e historia de la música en latinoamérica) ya que es escaso el repertorio grabado y compuesto particularmente para este bello instrumento de enormes proporciones y corto registro. El trabajo de interpretación de Botero es impecable, esto se nota en las obras que incluye de Natalia Dominguez Rangel , compositora de variedad sonora y gran actividad en el extranjero, y Enrique Mendoza ,guitarrista y compositor, conocido en la escena capitalina como Kike Mendoza, quien es además integrante de MULA una de los proyectos liderados con Botero. Por otro lado, Santiago Botero demuestra que el intérprete es un compositor en potencia, o mejor aún: el buen intérprete es un compositor en potencia, que potencializa las ideas sonoras expuestas en la música de otro, en la improvisación propia, y en este caso en particular, en la obra misma expresada a través del instrumento.

La provocación del disco no se queda en navegar en el instrumento las técnicas extendidas, la atonalidad, el ruido como materia prima, la disonancia como discurso, sino en jugar con los títulos y las posibles imágenes sonoras que podrían reflejar en el escucha: Isabel o Muchas gracias por la oportunidad, solo son importantes en términos semánticos, si conoces algo del autor, de su historia previa, pues la música, tal y como se menciona en el primer párrafo, no necesita más que oídos para percibir los múltiples contextos, tiempo para ubicar dicha experiencia y espacio para lograr sentir la coherencia presente en la obra. No es necesario recurrir a etiquetas para disfrutar o no de el acto de la escucha, se llegan allí solo por interés, esa es la parte difícil para muchos, y la encantadora para otros como yo. Si se sabe que es ruido, ese concepto tendrá ciertos linderos que tal vez importen, tal vez no pero seguro no esclarecen u oscurecen la obra terminada de Santiago, esa ya está más que lista, es memorable, aislada de conceptos como bello o feo y ahí es donde uno piensa: es completamente contemporánea.

Ahora bien, desde el punto de vista formal, podríamos pensar que Milagrito es una obra donde Botero abre y cierra con piezas que se comunican entre ellas Isabel comienza con un motivo basado en una escala pentatónica tocada en pizzicato, motivo que se vuelve a sentir en los últimos segundos de Mano rota milagrito, en medio de dicho discurso intercala las composiciones de Rangel y Mendoza, para ampliar la producción hasta campos más espectralistas del instrumento, pero sin ubicarnos en el referente directo, más bien en la comprehensión del mismo, es aquí donde el humor aparece con Muchas gracias por la oportunidad y la disonancia se apacigua en el lirismo de Sute y la Hermosa Carmen. La mezcla y la masterización de esta pieza sonora estuvo a cargo de Benjamin Calais, él mismo francés que ha llevado a punto producciones como Resiliente de Mula, Carmelo Torres y los toscos, el Karateca de Velandia, Los pirañas, gran cómplice de la música moderna colombiana, desde su cuartel general en Matik-Matik, espacio que cumple 10 años de apertura.

No siendo más, agradezco de nuevo a Botero por tan valiente material y espero vengan muchos más proyectos de este corte.

Kaliman.

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