Reseña en split, Hermanos Menores, Tristán Alumbra

Hace ya casi un par de meses tuve la oportunidad de escuchar en vivo la propuesta de dos de las agrupaciones colombianas de mayor renombre en el ámbito experimental, ambas estaban acompañadas de Danta, Wait y Margarita siempre viva. El concierto fue enmarcado con el nombre de La Vaguada, un recital muy potente, casi como un pequeño festival de nuevas propuestas, que daba cierre a la gira de Margarita siempre viva y Wait por unas cuantas ciudades del territorio nacional. Fue una buena manera de celebrar mi natalicio y poder aclarar algunos cuestionamientos que me impedían escribir una reseña crítica apropiada para el material sonoro que proponen las dos agrupaciones que encabezan este texto. La decisión de hacer un split y no una reseña individual de cada proyecto, radica también en este tiempo de contemplación, en lo que algunos textos llaman “pararse y ver”, ya que, el ejercicio de la reseña crítica no debe sólo satisfacer una necesidad a nivel de juicio (estético, valorativo, personal) sino, proponer otras posibles lecturas sobre el objeto de trabajo (en este caso la música), generar discusión (así sea una discusión imaginaria) y educar (con todo lo que implica esta bella palabra). De otra forma, siento que el ejercicio de escritura crítica queda en el plano de la autosatisfacción, el regodearse de conocer algo o en el vil entretenimiento cotidiano al que nos tienen acostumbrados los magazines musicales de este país.

Dicho todo esto, Hermanos Menores y Tristán Alumbra son dos propuestas que me causan duda, por esto parto de las siguientes preguntas: ¿su validez actual se remite a una deuda sonora que teníamos en nuestro territorio por asimilar referentes musicales nunca antes tocados? ¿su aceptación positiva por parte de los espectadores, se remite a una necesidad de acoger sonidos más arriesgados, contemporáneos, y que no establecen límites entre los referentes académicos, el jazz, la música experimental, el noise (pensado desde el rock, post-rock)? Estos tal vez sean cuestionamientos que no logre responder con un texto de un par de cuartillas, pero siento necesario dejarlos presentes, pues algunas de estas preguntas no necesitan respuesta actual, el curso de los años y la presencia de estos y otros proyectos, darán respuesta al cuestionamiento. Lo que realmente me gustaría ver en unos años, es que tal vez este tipo de propuestas no corresponden a una “moda” por lo experimental, sino más bien, una nueva camada de músicos y artistas curiosos por ciertas sonoridades no presentes en nuestro ambiente, los cuales quieren cambiar un poco los linderos de nuestra expresión musical.

Ahora bien, hay ciertas apropiaciones presentes en ambas agrupaciones que tienen puntos en común, a nivel rítmico es de resaltar que ninguna de las dos indaga en las métricas cotidianas en las que se suele establecer la forma de canción, o forma binaria sin desarrollo. En los Hermanos Menores, notamos una serie de riffs sincopados, en donde la polimetría, la polirítmica y los compases de amalgama son la constante. Al escucharlos en vivo, es un efecto que logra impresionar a muchos, pero que para este escritor, después de un rato recae en efectismo, una serie de disposiciones rítmicas complejas en el ámbito del rock, pero poco interesantes en su desarrollo, sin variación asimétrica, simplemente ritmos retrogradables sobre métricas “extrañas” al rock. El problema que le encuentro a este tipo de recursos es que si no son explorados a fondo, se quedan en la mímesis de rock progresivo virtuoso, donde en este caso se evade el virtuosismo individual, por un virtuosismo de grupo: no hay solos o líneas más preponderantes sobre otras, más bien un acoplamiento sobre la síncopa, una regularización; creo que su curiosidad los va a llevar a otros lugares y sus referentes sonoros pueden ser expandidos si someten estas ideas a oídos de productores sonoros externos. En el caso de Tristán Alumbra, el ritmo es sometido a la capacidad de nunca toca igual nada, es decir, de no tener una coherencia sonora sobre el material rítmico, ya que no se establecen estandartes musicales lo suficientemente reconocibles como para poder modificar o variar, tienen la capacidad de no tocar en una métrica estable. Ahora bien, esto sería interesante si todos los materiales musicales estuvieran destinados a este caos constante, pero no es así, sus líneas melódicas en la voz principal, los bajos electrónicos que interpreta el vocalista, tienden a una normalización del material, a eventos incluso musicalmente inocentes y dentro de la práctica común, con breves intromisiones heterofónicas por parte del saxofón sobre la línea melódica principal.

A nivel tímbrico, los dos proyectos logran ser bastante versátiles, los hermanos menores tienen una formación tradicional de rock, donde no hay presencia vocal y se aprovecha al máximo cada instrumento, sin abusar de los procesos o pedales de efectos, todo muy amoldado a una masa sonora constante y fuerte. Tristán Alumbra tiene un formato que pareciera más cercano a un grupo de free jazz que a un grupo de canciones, lo que hace que en algunos momentos esta disyuntiva tímbrica no logre darle un campo abierto a nivel musical (múltiples combinaciones instrumentales, juegos en la organización del material, polifonía tímbrica) y se parece más a un performance de voz recitada/cantada con tinte de lo que algunos capitalinos llaman arte sonoro.

Formalmente, como ya se mencionó, la estructura recurrente en sus piezas es la forma binaria de canción, con una tendencia a crescendo y masa instrumental que termina en un gran forte o fortissimo, según los pedales y amplificadores de distorsión que tienen, direccionalidad que hace muy previsible la curva dinámica del concierto, y crea un efecto contrario al que creo, esperan: hacen música no tan nueva con intención de ser nueva; parte de la novedad musical no solo radica en que, en un contexto determinado, una propuesta no haya sido apropiada por los locales o que suene a bandas que siempre quisiste escuchar en vivo en tu país; radica más en la posibilidad de sorprender sonoramente al público con la organización del discurso musical, el cual en cada presentación, puede ser replanteado sobre un mismo concepto o idea. No se nos olvide que la música es un arte del tiempo y espacio, es decir, existe cuando interpretamos en vivo, no cuando repetimos como músicos de atril que no tienen nada más que hacer; si algo tiene de enaltecedor el momento actual donde se debaten estas propuestas experimentales y arriesgadas, es que todo nuestro contexto nos asegura que ese no es el camino (como si existiera un camino trazado con antelación) y estas dinámicas culturales las notamos en la selección en los festivales masivos nacionales, en las muestras sonoras programadas por museos, en la música que promueven las instituciones académicas, donde todo debe estar en un género, clasificación o categoría musical, es decir un objeto de museo, algo muerto.

La fuerza que tienen dinámicas independientes como las presentadas en la vaguada, se remiten a que pueden amalgamar con lo que el circuito de industrias culturales busca, y clasifica como “rarito” y, a su vez, abrir su propio camino sin necesidad de validación, su potencia radica en que logren evidenciar con su música que la coherencia es un acto sensible sobre la música y la lógica es el juicio de razón sobre la misma. Por último, es de notar que si bien, todo lo dicho se puede dilucidar en vivo, los discos de ambas agrupaciones son otro cuento, no corresponden a su interpretación, son nuevas versiones. Por esta razón no dedique trabajo de escritura sobre el material sonofijado. Es más, sólo adjunto los links para que el lector tenga un punto de partida, pero si realmente quiere establecer un diálogo con la propuesta, debe escucharlos en vivo.

Sin más, agradezco haberlos conocido de manera sonora y resonar un rato con su música.

Kaliman.

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