Lucrecia Dalt – Anticlines

Lucrecia Dalt
Anticlines
2018

Parte de la definición de música concreta, es la contraposición de lo que Pierre Schaeffer denominó música abstracta, la cual puede ser resumida como la música de tradición escrita hecha en occidente, y lo que algunos teóricos nombran como música culta. El argumento de Schaeffer para denominar así dicha música, radica en que se necesitan herramientas musicales para abstraer su información (pentagrama, teoría musical, entre otros), además de que es música que en su momento (1947) guardaba un cierto alejamiento hermenéutico con su público, puesto que el uso de los materiales musicales había logrado independizarse completamente de lo que se nombraba como música y se acercaba más bien, a la definición que John Cage volvió famosa: la organización de los sonidos en el tiempo.

Esta posible abstracción, presente en la música, es la que se ha convertido en el caballo de pelea de algunos de los discursos experimentales generados a finales de los años 70, buscando remediar una posmodernidad (cuando en música aún estamos remediando la modernidad generada en los primeros 50 años del siglo XX) con una postura más abierta sobre el discurso musical. En este contexto surgen algunas de las ideas de Lucrecia Dalt, artista de origen colombiano que, desde hace ya bastantes años vive en Europa, actualmente en Berlín. Anticlines es su más reciente álbum, en el que retoma algunas de sus búsquedas sonoras con la voz: sprechstimme, poesía fonética, recitativo libre, todos y cada uno de estos procesos permeados por dsp temporales (reverberaciones y delays). Algunos de estos procesos parecieran inspirados en la música de la era electrónica académica, sobre todo por su cercanía tímbrica a un sonido más análogo y poco digitalizado, en el que el margen de tiempo no es controlado métricamente sino más bien, de manera cronométrica y espacial, lo que le da un color al conjunto sonoro más cercano a Henri Pousseur, Pauline Oliveros o el contemporáneo Arca.

Ahora bien, en términos de discurso sonoro, este disco echa en falta motivos conductores a nivel sonoro y establece una cierta dicotomía entre la abstracción musical presente en las primeras músicas del siglo XX (de tradición académica como fue mencionado arriba) y las técnicas de la música concreta: bucle, ampliación temporal del sonido, superposición de sonidos, entre otros. Su tratamiento a nivel de textura es pobre, casi siempre es una superposición de un sonido tipo drone, que se mantiene y sirve de colchón a la voz, que luego es acompañada por elementos más rítmicos pero sin un hilo conductor, ni siquiera por contraposición de elementos sonoros. A su vez, no guarda mucho cuidado en las envolventes de audio, tanto en su procesamiento digital de señal como en la aparición de los materiales. Tal vez ahí radique un poco su intencionalidad experimental ligada a las músicas creadas en los años 70, las cuales son citadas en varios de los perfiles de esta artista. Más allá de eso y que visualmente su set parece más de rock que de música electrónica, no encuentro mucha relación en dicha referencia con la música de Lucrecia Dalt.

Es importante que los compositores de música electrónica estén en constante revisión sonora de su discurso, sobre todo en términos estéticos, ya que lo que para un artista es completamente un descubrimiento, para otros es una herramienta más de uso, y tal vez trascender el nivel de instrumentación técnico generado por las herramientas es una página que podemos dejar en la historia musical, para enfocarnos en generar nuevas músicas con un discurso que aporte conocimiento sonográfico propio.

Kaliman.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *