Kalimán – Los toscos y Tony Malaby

Los Toscos y Tony Malaby
Kalimán
Sello: Matik-Matik
2013

¿Qué se necesita para hacer nueva música en Colombia? ¿el pasaporte es condicional de estilo? Por mucho tiempo en mi época universitaria, este era un tema obligado por los miembros de la vanguardia musical paisa, esos que andaban buscando en los festivales de músicas folklóricas, festivales de jazz, los mismos que criticaban y hasta despreciaban fuertemente la academia donde andaban pagando una suma considerable de dinero. Algunos terminaron y continúan su camino, pero hacia una dirección digamos más dentro del mundo del entretenimiento, eso sí, sin negar su colombianidad, solo que con un tono más cómico y burlesco. Otros se dedicaron a ser músicos de sesión, promulgar el oficio del músico bien pago (desde el mismo hacer) y colaborando eventualmente con proyectos de su gusto. De ese momento, creo en Medellín no hay mucho que continúe dando frutos sonoros, algo que se esté pensando desde un nuevo proyecto de identidad nacional, o por lo menos no sobresale mucho en términos de publicaciones, conciertos y continuidad.

¿Qué pasó entonces? Los festivales donde los pelimorados gritaban improperios contra los jóvenes de la nueva música colombiana siguen ahí, los sombreros vueltiao´s son producto de exportación nacional ¿el cambio generacional trajo consigo una nueva colombianidad? ¿los aires nacionales ya son la champeta y el reggaeton? O ¿simplemente aprendimos que la expresiones musicales no hay que dividirlas con etiquetas y que el espíritu de una nación (incluso en Colombia) es la diversidad de posibilidades y apropiaciones estéticas?

El ejercicio mismo de haber escuchado un disco del 2013 y sentirlo como nuevo es ejemplo de esto. Lo descubrí por la celebración de los 10 años de matik-matik, la cual tuvo una programación increíble y yo por provinciano me perdí, eso además de que sufro un poco en la capital. En dicho onomástico, noté que invitaron a Tony Malaby, un personaje que para mi hoy no dice mucho, no tengo muchas referencias, pues debo admitir el jazz no es mi tema, y de entrada me hará quedar mal en términos de la crítica musical que estoy abordando, pues solo la podré acoger desde mis conocimientos de escucha por fuera del estilo. De los Toscos ya tengo varios registros, bastantes emotivos y de gran interés, como grupo y como individuos que andan deconstruyendo ese proyecto nacionalista en el que andaban mis colegas, hace 10 años atrás. Ambos, Malaby y Los Toscos, miran pa´lante y sin mente López, porque así lo sienten, con un sentimiento histórico claro, donde para seguir a la vanguardia se debe ser consciente de lo recorrido, y es allí donde me encuentro con ellos.

Kalimán (personaje mexicano de historieta, llevado al cine en varios ocasiones, su nombre viene de la kali: diosa guerrera, mán: hombre, anglicismo acomodado incluso con la tilde que lleva) fue por asuntos filogenéticos mi héroe de infancia, y como habrán notado algunos de mis lectores (en caso de que existan) es tal la influencia, que destino su disfraz para mi faceta más recóndita: la de escucha y crítico musical. Así mismo, es el nombre que dispusieron Los Toscos y Tony Malaby a esta producción del sello matik-matik. Un disco que desde su título remite a una apropiación cultural sobre materiales sonoros de origen anglosajón: jazz, música académica contemporánea, música folklórica colombiana, música postonal. Donde los títulos de las piezas, sugieren la temporalidad de este héroe, el cual llegó a Latinoamérica por la cadena radial Todelar, y luego a la pantalla grande con actores canadienses con una tez cargada de maquillaje, para así darle el elemento latino. Tal vez en ese discurso extramusical es donde habita dicho disco, en el juego de lo que significa ser colombiano o latino, en la vivencia de los poscolonial y el chiste como recurso no cómico y proxémico (como esperan muchos festivales nacionales, más que internacionales) sino como material musical, pero ¿cómo expresar chistes en términos musicales? ¿sobre todo cuando no se quiere hacer ninguno de los hijos bastardos de la ópera buffa, el musical y otros tantos géneros líricos y redundantes? Comprendiendo que la música no tiene pasaporte, como el arte, y si lo tiene es para lo que sirve el mismo: para hacer transferencias, transacciones y giros transnacionales.

No necesito nombrar mi música tecno campero modelo 79 o el chacacosteño, para lograr evidenciar mi lugar de origen, pues ese lugar no me define, simplemente es eso una espacio donde se nace, pero que no condiciona mis relaciones con el mundo, menos mi obra. Tampoco es necesario ser elegido por la beca Carlos Vives de los Latin Grammy ¿o si?

Ahora bien, Kaliman propone juegos tímbricos y contrapuntísticos que transforman la disposición orquestal de un ensamble de jazz tradicional, abordando heterofónias, imitaciones, juegos entre la masa y la densidad del grupo, incluso pequeños momentos de caos rítmico complejo, donde sólo es posible abordar de a uno cada timbre, para luego encontrar el diálogo de los mismos, una experiencia cercana a escuchar el contrapunto libre del siglo XX y XXI, con un ambiente de free jazz, bebop e improvisación libre. Es difícil aislar alguna de la piezas, incluso pareciese que el orden específico en que se disponen en el disco fuera parte de la sintaxis musical.

Los Toscos continúan muy activos, de manera individual y grupal, incluso después de participar activamente en la celebración de los 10 de matik-matik, esta semana terminó la tercera versión de El Marrano no se vende, festival de improvisación y otras rarezas musicales, el cual acogió con mayor apertura algunos de los representantes de la nueva música colombiana, agrupaciones, solistas y colectivos que solo guardan en común haber nacido en este terruño en el trópico.

Kalimán.

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