Goli – Otros Ojos

Goli

Otros Ojos

2018

Dice el maestro Mario Gómez-Vignes que a la hora de abordar la música vocal con lírica, debemos darle prioridad a la acentuación del mismo, evitando “malas” (las comillas son mías) interpretaciones del lenguaje. En contraposición, el maestro Coriún Aharonián decía que esto no era una regla inviolable pues en música popular, lo que le da muchas veces dicho sentido, es el juego semántico que se logra al “mal acentuar” las palabras. El disco de Sara Rodas Correa (autodenominada artísticamente Goli) comienza con un par de malas acentuaciones que tratan de sugerir intencionalidades estéticas (de la estética que significa percibir con los sentidos, no la estética de la escuela mariela, esa de lo bello y lo feo) más allá del texto a través de los sonidos. En dicha tarea se queda un poco corta, y no porque su música no sea programática (es decir con una intención extramusical descriptiva), sino porque se enfoca más en reflejar sus influencias pop en una serie de textos cortos a nivel narrativo, semántico y metafórico. Sara no es poeta, pero tampoco se necesita serlo para hacer buenas canciones con buenas letras.

La culpa no es de ella, tal vez los relatos de hoy en día no son tan sugerentes; son cortos, emocionantes, de vuelo alto y rápida caída. De pronto sonará a una queja de anciano, pero la retórica actual es más bien floja y no contempla la multiplicidad de experiencias para el escucha, sobre todo con un discurso tan poderoso y que llega a tanta gente, como lo es la canción pop.

Instrumentalmente Otros Ojos aprovecha las habilidades tímbricas del guitarrista Víctor Acevedo, que permiten una disposición armónica interesante en una secuencia simple de tres acordes. Ya la ciudad ha conocido sus texturas en diversos proyectos y denota una cierta frescura con respecto a los trabajos anteriores de esta joven artista,. Además, la banda que acompaña tiene una buena experiencia en proyectos de cortes cercanos, Alejandro Bernal en el bajo, Alfonso Posada en la Batería y Juan Diego Galvis en la guitarra e ingeniería, le dan un cierto carácter local, que se nota en canciones como Pudo ser, con su interludio instrumental muy cercano a bandas como Parlantes en su Stella Maris. Las influencias directas del disco se notan en el sonido de la chanson francesa y sus consecuencias en Latinoamérica. Algunas veces sería necesario caer al fondo real del problema en términos sonoros, hundirse en la tristeza absoluta, o llegar a una euforia que dé esa fuerza a las frases que se disponen en la voz. Un ejemplo puntual lo encontramos en Mirar: “el día no existe y la noche no existe, y un poco de luz no caería mal, ver más allá de la oscuridad, dejarse caer, todo caerá”. Lo interesante en esta estrofa es la reiteración melódica sobre esta negación: no existe, sin embargo se queda corta la intención y pareciera la imitación de la diosa de la canción iberoamericana: Natalia Lafourcade.

Rodas tiene grandes habilidades como cantante y una gran banda detrás de ella ¿por qué recaer en los lugares comunes que propone el contexto actual? Puede ser por gusto y seguramente, esto es lo que asegure el futuro éxito que vaya a tener este disco; la pregunta va más hacia ¿cuándo escucharemos a la verdadera Sara? o simplemente ¿no se puede alcanzar una obra completamente sincera, alejada de las fuertes influencias, el sonido propio que sale desde lo más hondo del ser, ese que nace de la intuición mañanera? En esa dirección, la literatura ha propuesto no exponer al autor como primer y único foco de su escritura. Ejemplos hay muchos, yo disfruto de autores como Tomás González, Fernando Vallejo o el poeta José Manuel Arango, que parten del juego de ponerse a sí mismos (y en algunos casos incluso su nombre de pila dentro de sus relatos), sin olvidar que es una representación, una ficción que le juega a la imitación de sí mismo. Pocos escritores de canciones he conocido que logren esto y tal vez me falte mucho por escuchar para lograr encontrarlos, sobre todo en nuestra lengua nativa, el español.

En una tercera escucha me detuve por un buen tiempo en aspectos sonoros más llamativos, es el caso de canciones como Perdida y Adiós, el primero por el juego rítmico sobre el ostinato propuesto entre batería y guitarra, todo esto bellamente conducido por el bajo tocado desde el sintetizador con una sinusoide que, como saben algunos, es un sonido puro, es decir, sin armónicos. Adiós, trae una atmósfera a petricor, logrado por un piano escindido en la reverberación de la sala, acompañado por la serie de armónicos artificiales en los violines y viola, y que por medio de una buena conducción de voces, logra armonizar el timbre característico de Goli. La orquestación para cuarteto de cuerdas estuvo a cargo de Simón Mesa, compositor e integrante de Hombre Memoria; ambas piezas parecieran anunciar nuevos vientos o por lo menos refrescan el panorama.

Al ahondar en un disco nuevo como éste, no queda más que desearle una buena suerte a Sara y sus acompañantes en esta nueva apuesta, cada disco es un nuevo comienzo.

kaliman.

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