Frankie ha muerto – Extremo

Frankie ha muerto
Extremo
Independiente
2018

Medellín, comienzos de los 90, una época marcada casi exclusivamente por el metal épico, el post-punk y por esa segunda ola del punk-medallo que parece no querer irse ni evolucionar, sino más bien, desde su naturaleza más cruda, ser el más firme representante del rock netamente criollo. De vez en cuando, aparecen propuestas diferentes que de alguna forma refrescan esa escena a veces tan agotada para así, con el devenir de modas tardías a flor de piel, suceder lo inevitable, el surgimiento de ciertos hijos bastardos de los géneros antes mencionados que, aunque creen innovar en su momento, suenan más trasnochados que la técnica de andar a pie.

De esta forma demuestro lo pobre de nuestra escena, un completo contexto histórico por los 90 en no más de diez líneas; una década de apuestas repetidas y proyectos efímeros que posteriormente se convierten en leyendas locales con muy poco. Así que de esta camada de proyectos y sin más ambages, me ocuparé por escribir unas palabras sobre el último disco de una agrupación llamada Frankie ha muerto.

Tal vez muchos lo sepan pero para aquellos que no, Frankie Teardrop es uno de los temas más representativos de la agrupación Suicide. Un track que habla de un sujeto que no puede cubrir las necesidades básicas de su familia y decide matarla para luego suicidarse. ¿Y por qué menciono esto? Porque la agrupación en cuestión, crea su nombre a partir de esta canción, ya que describe ese suplicio del hombre, su lucha por sobrevivir y el inminente encuentro con la muerte.

Frankie ha muerto, como la mayoría de grupos colombianos, nace de jóvenes más encaminados hacia dejar un claro mensaje con sus letras y declaraciones, que hacia mostrar música de calidad. Así, con armonías tradicionales, referencias obvias y una ausencia casi absoluta de melodías vocales, Extremo es una versión beoda de un sinnúmero de referentes post-punk, con algunos tintes heavy y goth. A eso suena esta placa discográfica publicada en 2018, 11 temas llenos de ilusiones rotas, con un afán por sonar sombríos y con una puesta en escena pseudo-futurista y apocalíptica que a muchos nos llena de vergüenza ajena.

Para aquellos conocedores de la escena local, grupos como éste fueron muy representativos para la historia de nuestro rock y aunque han pasado casi 20 años desde sus orígenes, sólo han podido publicar otros tres o cuatro discos. Es éste uno de los principales problemas de las agrupaciones locales y el mayor problema de Extremo, dejan el oficio de la creación musical en un segundo plano y cuando por fin se aventuran a hacerlo, las ideas simplemente no afloran. Señores, ustedes ya no son jóvenes y deberían saber que la creación musical no tiene hora, es por eso que el trabajo creativo nunca puede dejarse a un lado y debe nutrirse sin lasitud a la par del acto en vivo.

A raíz de esto, es que tenemos una escena estancada, agrupaciones con una larga trayectoria temporal pero que no se soportan lo suficiente en placas discográficas, agrupaciones que tocan una y otra vez durante décadas, las mismas diez canciones que dieron a conocer cuando eran unos chiquillos. De esta forma es muy difícil evolucionar musicalmente, porque cuando el oficio no existe, cuando no se toca en vivo hasta el agotamiento y cuando no hay una autoevaluación rigurosa y esmerada, los errores persisten y los vicios se quedan para mal.

Digo esto porque Extremo podría haber sido un disco aceptable a mediados de los 90, pero en el 2018, ya queda poco margen de error para un grupo de este tipo, con casi 20 años de trayectoria. Es decir, en esa época podríamos haber dicho que todos los desaciertos y falencias hacen parte de esa inocencia propia del rock y del contexto en que fueron hechos, que los 90 son duros y que los medios para crear música, escasos. Sin embargo, mucha agua ha corrido ya por esta ciudad y la música es mucho más que sólo contexto, no transmite necesariamente un mensaje y por esta razón, debe apreciarse por lo que es, música.

De igual forma, debemos entender que hay grupos que por mucho que se esfuercen, les es difícil conseguir un producto de calidad, sin fecha de caducidad y que pueda ser visto con orgullo 50 años después.  Así que no, Sr. Garrido, no nos gusta Extremo no porque como usted dice en su entrevista en El Mundo:  “lo que es masivo es un lugar común y ya sabemos que los lugares comunes son vulgares” o  “porque las letras hablan de amor, paradas en lo crudo y no desde el amor baboso y adulcurado [edulcorado] que ya sabemos que da sueño y engaña mucho”.

No nos gusta Extremo simple y llanamente porque para todo hay que prepararse en la vida y no podemos hacer de la música local una oda a la incapacidad. Ya esos tiempos para ese tipo de concesiones pasaron y debemos apartarnos de ese virus tan común en Colombia: grupos sosos, aburridos y mediocres, formados por instrumentistas con pocas ideas, con músicas cargadas de arreglos tediosos, agotados y repetidos hasta el cansancio y con vocalistas que mas que cantantes, bien podrían ofrecernos en carretas, la tan barata y deliciosa piña oro miel.

Violencia, antivalores, muerte, soledad y cataclismos enmarcados según ellos en “un deseo irresistible de hacer música”, yo sería tal vez un poco más específica y cruda: enmarcados en un deseo irresistible de hacer mala música.

Anna Ching

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