The drop e.p

Gladkazuka

Sello: Cómeme

Año: 2019

¿Cuál es la diferencia sustancial entre un live electronic y un disco?, ¿dónde podemos establecer el punto limítrofe entre los materiales sonoro-musicales necesarios para armar ambos?, ¿qué tanto de la respuesta del público influye en la creación por el artista más si tenemos en cuenta que el disfrute de la música electrónica es un proceso mucho más subjetivo, mediado por el baile individual, la democracia que impone la pista de baile, unido al aspecto ritual del mismo, que ya grandes escritores como Reynolds han hecho notar? Estos son los interrogantes que me causa The Drop, la más reciente publicación de Gladkazuka aka Gregorio Gómez, fundador de Panorama, Series Media y actualmente The Desdemonas.

Gregorio es un músico electrónico que tiene un oficio memorable, desde espacios underground y de nicho en su ciudad natal (Medellín) pasando por giras europeas, escenarios de fiestas, conciertos y festivales de mediano y gran alcance a nivel internacional; ha participado en diversos proyectos como productor (fantasma si se quiere), ha acompañado procesos de gestación, instrumentación y reproducción de la música electrónica en nuestro país; junto a José Santamaría, Daniel Gómez, Mauricio Ramírez y Alejandro Vélez creó el primer netlabel, Series Media, dedicado a la música electrónica, experimental y electroacústica en el ámbito nacional, el cual da cuenta no solo de la producción de los aquí mencionados, sino también de exponentes que actualmente están dando mucho de qué hablar, entre ellos Lucrecia Dalt. Series Media se volvió una plataforma de intercambio, cocreación y fiesta que inspiró varios procesos que actualmente existen, para bien o para mal es el punto de referencia en la electrónica nacional actual.

Dicho esto, me remitiré a la experiencia de escuchar The drop, un disco para muchos esperado y anhelado no solo por conocer de cerca el trabajo de Gregorio, sino porque llevaba mucho tiempo realizando lives sin publicar un disco o ep de su completa autoría y producción. La primera impresión que me generó este disco fue la de una mímesis muy fuerte a nivel de influencias, esa que no te deja sentir más allá del referente, fue una pequeña lucha por no tratar de tararear a New Order, Soda Stereo, incluso Big Audio Dynamite, sumado al recuerdo de un espacio que fue casi de culto: el famoso Italodisco, espacio religioso (creo que más en Medellín, específicamente en el parque del Poblado y sus alrededores) inspirado en los alcances logrados en la escena de Manchester, retratados en la famosa 24 Hours Party People. The drop, en su primera escucha, pareciera ser un homenaje a esas noches, conversaciones y amigos de ese grupo. Luego de darle otras tres, cuatro, cinco hasta diez escuchas en diferentes situaciones y espacios comencé a notar detalles específicos que me hacían reflexionar en lo difícil que debe ser parar de tocar en vivo, respirar de dicho material y producirlo para el track.

En esta dirección, hay ciertos elementos que no se pueden perder del panorama en términos de producción musical, sobre todo en este tipo de música que se encuentra en un punto intermedio entre la escucha casual, sensual, causal incluso y la pista de baile. El primero es la recurrencia entre varios tracks del disco al fade out, como fin de la canción, este recurso no siempre es el mejor amigo de una canción, más si es electrónica. Sugiere un poco de facilismo o que el autor no fue capaz de lograr una mejor terminación para su canción.

Naturalia abre el disco con un ostinato entre batería electrónica. En el caso de Gladkazuka siempre vamos a encontrar un cuidado muy específico en los colores que usa en su set que buscan esa sonoridad particular de las máquinas de ritmo Tr de Roland, los sintetizadores Korg, Roland, Jupiter, una paleta tímbrica que remite a una época específica de nuestra historia electrónica. El referente se expone sonoramente, entonces, ¿por qué no abandonarlo a nivel musical?, ¿por qué no buscar hacer fills diferentes a los que usualmente tenemos en dichas drum machines?, ¿se debe ser tan ortodoxo con algo que ni siquiera uno llegó a vivir de primera mano?, ¿dónde queda el componente de Gladkazuka, más allá del ejercicio de estilo?  

En Flancing sentimos la cita a la secuencia de arpegiado de Blue Monday, casi como un cover u homenaje, las variaciones son melódicas o de glissando, brevemente aparece una sección B donde la secuencia armónica se distancia del referente antes mencionado, pero no se desarrolla esta idea, la cual podría hacer que el tema pierda su conexión puntual con dicha música de época. Hay una pequeña melodía que se toca en un pad, la cual está muy al fondo de toda la secuencia y sería interesante si se resaltara, pero este no es el caso, pareciera que el ejercicio consistió en disponer capas una encima de otra y no jugar un poco más con ellas.

The Drop llega en la mitad del ep sugiriendo un poco de espacio de reflexión, bajando un poco el bpm en que venía la secuencia del disco. El discurso cae más en una introspección melódico-armónica donde la batería podría incluso desaparecer, pues su constante repetición no aporta mucho a la canción e incluso entorpece la conducción de voces entre bajo y tenor, en este caso representados por dos pads, los cuales luego dan pie a un par de campanas, cercanas a la sonoridad de la síntesis FM. Este tema podría ser la versión no beat del disco, pero Gómez prefirió dejar esto para el final.  

Al ser un disco que tiene su versión en vinilo su organización fue pensada de dicha manera, por eso El coral da inicio al lado b, un tema más trabajado, con más intensidad armónica, melodías cortas pero bien unidas al groove generado entre bajo, bombo y caja, en algunas ocasiones con intromisiones de fills, que son resaltados con reverbs, delays cortos y ecos, que resaltan su conocimiento adquirido con el live set. El coral logra una mejor dirección, momentos de tensión, silencio, pregunta, distensión, y logra cerrar sin necesidad de un fade out.

Doblan es una canción ya conocida en el repertorio de Gladkazuka, su ambiente es bastante llamativo a nivel armónico, su construcción como canción le da una fuerza interesante al disco, aunque también no hace esperar más material donde se escuche la voz de su autor. Se sugiere tener más cuidado con la afinación de la voz, la cual no es muy precisa y es escondida con la reverb y el eco. De su versión no beat, no hay mucho que agregar, pues la verdad es eso: la canción sin beats. El texto pareciera remitir a un espacio más oscuro, tal vez la influencia del new wave en Latinoamérica, pero la figura retórica se hace pobre, lo que hace el texto casi que algo olvidable, y enfoca al escucha a las variaciones que presenta en el material básicamente en la parte rítmica de la pieza.

Kalimán.

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