Hermanos Menores- Inversión interna de la tibia (EP)

Hermanos Menores
Inversión interna de la tibia (EP)
2019
Independiente

En tiempos postapocalípticos para los humanos ―pues la tierra sobrevivirá junto a los demás animales― los Hermanos Menores han descubierto la solución a todo: el ruido. Moneda de intercambio para algunos, sombrilla estética para otros, caballito de troya para tantos más. Palabra para articular, divulgar y conjugar en el oficio de gestor cultural. Ruido, ruido y más ruido sale de sus instrumentos. Un evento que ya venían anunciando desde su anterior publicación y el momento ha llegado: desligarse de cualquier tapujo, culpa o causalidad que hubieran tenido para lograr reducir todo a la mínima expresión sonora. 

Este EP, que tiene sus raíces en el metal, es tal vez un recordatorio que pusieron hace diez años en un celular Nokia 1100 y ha sonado hace un par de meses en su ensayadero de Rat Trap, donde decidieron grabar esta “tibia rota”. Todo un homenaje al ultrametal y sus distorsiones de mala calidad ―pues en la época no había para más― y no, como suelen mencionar algunos antropólogos, sociólogos o gestores culturales de Medellín, que “estaban haciendo música experimental”. Hay una diferencia sustancial en tener una intención sonora y los medios para lograrla. 

Los Hermanos Menores decidieron retomar ese sonido, pero no esa influencia, pues el sonido es un ente libre y ha habitado múltiples estadios de la creación. Si te sientas a conversar con ellos te das cuenta de que gran parte de la música que consumen es música de ahora, metal de hace un par de años, y establecen con sus discos una posición crítica sobre ese sonido. 

Las estrategias o metodologías para lograr que una serie de improvisaciones lleguen a temas calientes, emocionales y estridentes parten de reconfigurar el oído a la propuesta en cuestión: si se busca otra provocación en el público, la técnica, la estética y sobre todo los materiales deben ser otros. No se debe tocar la guitarra de la misma manera. En este EP se nota un abandono del delay, la melodía tonal o pentatónica, una sobrecarga de fuzz, overdrive y distorsión, además de duplicar los riffs  de guitarra con los platillos de la batería. Todo esto amplía el rango espectral no armónico, o sea, el ruido de los temas. El bajo pierde su plano grave y se presenta casi como otra guitarra más, siempre con distorsión, siempre con pajuela, pocas veces solo. Toda la textura sonora es más densa y cerrada para incluso no permitir que una voz gritada entre allí. Es un disco que anda en los tonos medios y altos, y que por su corta duración no se vuelve molesto ―segunda definición de ruido, lo que no queremos que suceda―, sino estridente y coherente. 

Kalimán. 

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