Hermanos Menores – Las ciudades devoran pueblos

Hermanos menores
Las ciudades devoran pueblos
Hermanos Menores
2019

Después de un agitado 2018 lleno de conciertos, un par de giras, una de ellas en México, los Hermanos menores decidieron aprovechar dicho viaje al país del chipote chillón, para grabar un disco en sesión, un acto de valentía que pocas bandas (de cualquier género o estilo) se atreven a ejecutar. Es curioso que en una época en la que el acceso a las herramientas de grabación es cada vez más fácil y barato, no se recurra tanto a una técnica de grabación que deja lucir al músico y el ingeniero de grabación. Éste último, un personaje igual de importante que cualquiera de los músicos que estén en estudio, ya que se encarga de manipular el registro oportuno, estilístico y las múltiples posibilidades tímbricas que permite la captura.

Desde el primer corte el disco muestra una banda sólida, en la que no hay protagonismos exacerbados. Los tres integrantes del grupo están perfectamente balanceados, logrando una armonía entre sus habilidades técnicas, la tímbrica, el ritmo y el contrapunto entre todas las texturas logradas a manera de masa y la sublevación de la densidad sonora. Piélago, da título a este primer momento, donde el ostinato basado en cuartas superpuestas con una distorsión en el bajo, genera la introducción para que luego la batería se una haciendo un contrapunto rítmico y las guitarras, una atmósfera cargada de eco. Esto da pie para luego avanzar desenfrenadamente con un crescendo hacia la primera melodía que es presentada por dicha guitarra, ahora con un poco más de delay, sustain y dándole espacio a cada uno de los instrumentos de responder ante sus finales de frase, el tono de dicha melodía pareciera remitirnos a un enfrentamiento épico, que es terminado por el sonido escindido y un ligero feedback.

Mañoco es un tema con una actitud más punkera, un par de ostinatos entre bajo y guitarra, con pocas notas, la guitarra presenta una melodía entre punkera, surfera, simple que logra recordación, el tema avanza de una primera instancia clásica en el género, pogueable a un momento que provoca lo bailable, el tema termina en su esencia chatarruda y destructiva, retomando el cromatismo en el bajo.

La tola no es la tola pareciera ser una reminiscencia a los aires nacionales que llaman los etnomusicólogos de antaño, cuando se refieren a todo lo andino que esté en tres contra cuatro o cuatro contra tres: pasillo, bambuco y guabina. Tal vez sea una cita al altiplano cundiboyacense, del cual su capital es la ciudad de Bogotá y habitan los hermanos menores o, tal vez simplemente querían tener una balada instrumental. Resalta entre el resto de piezas porque la guitarra pierde el tono distorsionado y busca más en el delay, la limpieza y la progresión de acordes completos, donde se escuchen menos power chords. Este tema le da un cierto descanso al espíritu frenético del disco.

Apoteosis del ombligo de la luna, es un tema basada en un compás de amalgama, a partir del cual cada uno de los instrumentos trata de llegar a varios puntos culminantes o climáticos, siempre subiendo más en intensidad sonora. En medio del tema, el ritmo es desgranado para darle pie al silencio, casi el único momento de silencio que se tendrá en toda la placa. Ahora bien, esta pausa no dura mucho e inmediatamente presenta una sección totalmente contrastante tanto en rítmica como en intención, se llega tal vez al punto más fuerte a nivel dinámico del disco, donde se escuchará mayor abrasión, para luego dejar estallar cada instrumento en detonaciones llenas de reverberación, una suerte de eco que recuerda el primer silencio presentado en la misma pieza. Me podría imaginar al trío riendo mientras deciden cuál será el próximo paso, ya que este tema pareciera no tener una lógica narrativa, sino más bien reactiva al instante propiciado por uno u otro de los miembros del grupo, una especie de improvisación dirigida, la que dará paso a la elisión con Un cadáver en la hierba, tema de naturaleza más distensionada, con una melodía un poco más brillante, tendiendo al tono mayor sobre la fricción disonante generada por bajo y batería, una bella combinación entre lo bello y lo siniestro (citando el libro de Eugenio Trías). Este es el segunda instante de gran contraste en el disco que casi nos estuviera preparando para su final, es notorio cómo hasta el momento, se ha logrado mantener una narrativa que permite al oyente habitar diferentes escenas, espacios y situaciones, los cuales pueden ser visitados de manera continua o no lineal

Cusumbosolo es el tema que da cierre a este disco con nombre y tono apocalíptico, donde el feedback generado por delays en la guitarra abre el espacio que será habitado por el destructor de ciudades o mundos, ese ser que pareciera haber estado en todas las situaciones y que es nombrado como el tema, tal vez una suerte de chiste. Ahora bien, esta es una posible interpretación de este escucha, puede estar muy alejada a la realidad. Lo que sí es intencional, es la actitud sonora que tiene este tema para cerrar el disco, la cual se asemeja al primer corte en su personalidad más épica y abierta, casi el retrato del campo abierto antes de la batalla, música programática sin una intención descriptiva, post rock, noise rock, rock progresivo, todas las chapas que le quieran dar. Una buena demostración de lo que una banda pueda llegar a dar en estudio después de tomar forma en los escenarios, un disco que seguro pasará a nuestra historia nacional del rock, un disco que no puede pasar desapercibido, como no pasan desapercibidos sus creadores cuando tocan en vivo, un disco lleno de música viva, actual y contestaría sin una letra escrita y sin necesidad de decir nada.

Kaliman

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