Granuja – Messier 64

Granuja

Messier 64

2018

Independiente

Cada tanto, los beatmakers de hip hop lanzan un disco con sus propios instrumentales, donde despliegan parte de sus secretos a nivel de sampleo, beats, discurso sonoro y algunas veces scratching. Ejemplos hay mucho, vale la pena mencionar el Motor city de J Dilla, las aproximaciones experimentales hechas por Dj Spooky quien avanza más en la dirección de la narrativa experimental audiovisual, acompañando su set con una serie de imágenes, casi siempre en un tono político artístico, discos como los de RZA o de algunos no tan conocidos en la ciudad de Medellín, como es el caso de Niteffect, gran exponente de hip hop instrumental y downtempo, o [neuma] proyecto donde, entre muchos géneros y estilos, siempre ha existido la presencia del hip hop, con un detallado tratamiento musical.

En la ciudad pocas veces surgen discos instrumentales en el género, este mismo año se lanzó The equation beats pero más allá de este ejemplo, es un tipo de discos que no se suelen presentar, tal vez este fenómeno se deba a que la cultura del rap local todavía le da mucha importancia a lo que se dice y no cómo, por qué y para qué se dice.

Granuja, conocido por su oficio de rapero, beatmaker y productor, presenta este disco que trata de presentar un hilo conductor o leitmotiv extramusical, de ahí el título que lleva: Messier 64 el cual utiliza como parte de visual del disco en su link de youtube. Producido en Moebiuz, la casa productor envigadeña, el disco presenta los lugares comunes de dicho género: bombo y caja sin variación, bajos fuertes y cadenciosos, poca exploración a nivel de discurso, conexiones tímbricas, efectos o profundidad espacial y sonora, loops de uno o dos samples que se repiten sin una modificación o variación del mismo. Se le agradece que hayan dejado respirar o descansar a Nina Simone, Rodolfo Aicardi y sus otros referentes habituales en dicha casa productora.

El disco no aprovecha las posibilidades que han expuesto grandes productores de hip hop a nivel histórico, es como si nunca hubieran escuchado algo que no estuviera en su idioma o que no tuviera líricas. Tampoco se apoya del discurso extramusical que propone, pareciera una serie de tutoriales de fl studio para downtempo, lounge y otras músicas donde la atención no es importante, totalmente alejado del espíritu del hip hop, el cual nace para hacerse escuchar, fuerte y grave. La sobresaturación de los pocos elementos que tiene, no logran hilar una propuesta musical que permita al oyente conectarse con él, tal vez sugiriendo que sea un disco donde el humo (y no precisamente el del estudio prendiéndose, como diría Lee Perry) disipa todo y lo deja pasar. La experiencia se vuelve un poco tediosa, y larga en sus 43 minutos de duración, pero como era de esperarse con muchas de las propuestas que son sobrevaloradas en nuestra ciudad, a tenido una gran cantidad de comentarios musicales, por parte de los medios masivos, redes sociales y otros espacios de diversión visual, donde muy pocas veces prima la música.

Kaliman

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