Calzoncillo en la cabeza.

C

Perez

Sello: In-Correcto

2019

En tiempos donde el rock tiene tantos apellidos, adjetivos y apelativos; donde se consolida otra vez una escena en el país (como si alguna vez hubiera desaparecido) surge Perez de entre los corrillos de adolescentes cantándole al amor y a la reverberación. Una propuesta arriesgada y divertida, casi un chiste que se vuelve serio (sobre todo si nos damos a la tarea de analizar sus métricas y organización de alturas) y a la vez una serie de letras punkeras, gritadas o cantadohabladas por cuarentones con gran trayecto en el oficio musical: Santiago Botero, Enrique Mendoza y Mauricio Ramírez. Un power trío influenciado por el jazz, el punk, el rock experimental y con un hálito de proyectos como Don Caballero. 

El disco comienza con una introducción, la cual en su tono, contenido y semántica da a entender a qué se enfrentará el escucha en adelante. Luego llama a la pelea, a la guerra y a la protesta con Oro sucio, canción que tiene como coro un recordatorio a los viejos billetes colombianos que, decían, terminaban con la leyenda “pesos oro”. El tema tiene un fuerte riff de hardcore compuesto de dos motivos: uno completamente pegado a la batería; y luego otro haciendo isometría con la voz de los tres integrantes. Un himno en métrica amalgamada. Luego encontramos una breve intromisión, o solo de la guitarra, inspirada en el terreno ruidoso que explora Perez.

Che-Cho comienza con un bajo y batería que recuerdan el disco instrumental de los Beastie Boys. A la par, una guitarra con ecos y juegos de reverb hace las veces de dubplate, sobre el riddim que aumenta conforme la tensión crece. Es interesante de este track que no suele terminar en un gran crescendo por acumulación, tan de moda en los proyectos experimentales locales, sino que juega con la tensión, distensión y preparación que generan un discurso sonoro hasta que aparece la voz hacia el final del mismo. Otra vez, la letra aparece entre el chiste y la posición política como seña pertinente a los absolutismos actuales entre la derecha y la semiderecha neutral que habita en este platanal. 

Chulo Picho, pareciera ser el sencillo radiable del disco, muy parecido al reciente lanzamiento de la banda prima de Perez (MULA, con El Rey). En este, como en los otros temas del disco, el bajo permanece con un riff constante al cual siempre podrán volver la batería y la guitarra, lo que demuestra que el virtuosismo no es solo tocar muchas notas rápido, sino más bien saber aprovechar las habilidades en el transcurso del discurso sonoro. A la par que Che-Cho, termina con la intervención de la voz gritando “¡Policía!”, lo que recuerda un poco la temática introductoria leída por Fabio Mendoza. 

El tema con mayor influencia jazz hardcore del disco es En vos confío, donde notamos que el bajo se abre a otras figuraciones, la guitarra va construyendo una melodía lentamente que luego llama al resto de los instrumentos al groove, otra vez en amalgama rítmica. En este tema se siente la influencia de proyectos como Tortoise y Don Caballero, donde se siente el jazz, el minimalismo y el ruidismo como parte de un discurso más rockero. La forma del tema pareciera casi no planeada, pero evidentemente se logran poner de acuerdo en cuándo cambiar de riffs y cuándo abrir la densidad textural. 

El siguiente tema de corte más experimental es Parientes, aquí el sonido de la estática es lo que da inicio al tema, una batería más free hace las veces de objeto sonoro, la guitarra juega con el feedback y swells, y la “tierra”, como se suele llamar a la estática de señal en nuestro medio, siempre está allí para volver. Una pieza reflexiva, casi un guiño a la música ambient, donde se trata de jugar con la posición del escucha: activa, pasiva, sensual, empática, anempática; lo que le da esa dimensión, que algunos han nombrado metafísica, al sonido. Hacia la mitad del track (que dura 10 min 56 s) la guitarra menciona un motivo melódico, el bajo responde de manera contrapuntística, y el redoblante de la batería apoya el primer tiempo o beat cada dos compases, un juego instrumental bello, que a ratos pareciera shoegaze, a ratos jazz, a ratos ruido, a ratos lo que el escucha quiera que sea, pues al fin de cuentas este es el último intérprete. 

Para terminar el disco, estos punkeros cuarentones nos dejan una bella canción dedicada, Gripa, que pareciera hacer más bien alusión a una relación de pareja castrante, tal vez reflejo de los años que han vivido o tal vez otro chiste interno que suena bien cuando se grita. 

Kalimán. 

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *