Lastre

Lastre

Sello: Música Corriente

Año: 2018

En estos tiempos del ruido, hay un tema recurrente en el ámbito de los festivales nacionales dedicados a la experimentación sonora, la música electrónica y otros primos lejanos o cercanos: la escucha. Desde las apropiaciones locales de la teoría planteada por la maestra Pauline Oliveros llamada “deep listening”, hasta terrenos un poco más escabrosos o recónditos como las frecuencias de resonancia, colores de resonancia, auras de resonancia y demás resonancias que atienden un poco a la metafísica posmoderna del evento sonoro, que en últimas es escuchar. Nada ha cambiado desde que el primer Neanderthal escuchó algo en ese acto, tal vez lo que cambia es la manera como nombramos las cosas y actuamos sobre ellas.

Dentro de todas estas escuchas en las que se han tratado de ubicar dichos festivales, nunca noto conversaciones en torno a la música ambient, es curioso pues mucho de lo que suena en dichos eventos es ambient, plantea una postura de escucha1 o está inspirado en el ambient, tal vez es más fácil llenar formatos de asistencia y justificar la asistencia de muchas personas a un evento, si en el cartel se habla de placas tectónicas que suenan, construcción casera de transductores, d.i.y o d.w.o, noise, y otras palabras que remiten a lo mismo.

Por fuera de todo este contexto, colombiano, baterista y buen tipo; Juan Fernando Montoya nos presenta su primera publicación bajo el nombre de Lastre, una serie de piezas musicales que remiten al escucha a espacios sonoros delicadamente hilados en un discurso estereofónico que pareciera pensado como una sola pieza con breves intersecciones de silencio, pero a su vez, disfrutables como ligeros fragmentos de la misma. El protagonismo de los materiales presentes en Lastre, no corresponden a la concepción tradicional que se tiene en la música. Los ritmos, melodías, armonías, timbres, texturas, dinámicas, instrumentaciones son un solo gesto musical, que es coherente con un gesto sonoro que parte de un acorde, máximo dos para a partir de esta parte mínima, poder crear un evento más largo, volviendo el sonido un material plástico y sensible a metamorfosis. Su macroestructura está muy ligada a un subgénero del ambient llamado drone music2 donde la superposición de frecuencias, determina la conducción y forma de la pieza, una suerte de espectralismo sin pensamiento expresionista o matemático, más intuitivo y figurativo, por usar alguna descripción.

La decisión de no usar materiales muy complejos a nivel espectral en una pieza de ambient delimita inmediatamente el proceso de trabajo, esta postura ante la composición implica retos para el compositor:

  1. La duración de las piezas tienden a ser más cortas, pues los recursos musicales menos complejos se agotan en procesos de desarrollo.

  2. La persistencia en un proceso de desarrollo a nivel espacial, puede lograr fatiga auditiva en el escucha/compositor, evento que no permite dilucidar mucho más allá de la masa sonora, ya que encontrar nuestras organizaciones en dicha densidad se hace un poco más complejo.

  3. La coherencia tímbrica se ve más expuesta con materiales menos complejos a nivel espectral, sugiriendo pocos espacios o densidades sonoras para explorar.

Conducir una serie de piezas de este tipo requiere un poco más de paciencia, disfrute, inmersión y alejamiento del mundo para representar un nuevo mundo, cada disco de ambient cuando se logra bien, es una visión sonora de nuestro momento actual, no una globalizante ni unificadora, todo lo contrario, la visión del autor sobre su momento vital, lo que algunos teóricos que me enseñaron en el posgrado llamaban rizoma universalizante3.

Es una novedad lo que está sucediendo en Colombia con la música ambient, pues estamos encontrando cada vez más publicaciones enfocadas a este género, permitiendo por ahora que otros conocedores a nivel global disfruten de dicha música y algunos locales, tengamos conversaciones imaginarias con otros colegas sonoros. En este aspecto, Juan Fernando ya goza de tener la aprobación y firma sonora en su disco, por nada más que Taylor Deupree quien masterizó este primer disco. Un proceso bastante delicado en este tipo de música, ya que cualquier detalle suele ser mucho más significativo para la pieza sonofijada, que es donde está realmente toda su acción performática. El ambient es música de surcos cerrados o tape music, música que no suele ser interpretada con muchas acciones performáticas en vivo, ya que su creación y acción sonora está en la obra terminada, esto tal vez lo hace diferente a otros dialectos musicales.

Kaliman.

1Como menciona Mark Prendergast el ambient antes de música es una opción de escucha, para leer más de esto recomiendo remitirse a the ambient century

2Para escuchar un poco visite https://somafm.com/dronezone/

3https://filologiaunlp.files.wordpress.com/2011/08/mil-mesetas.pdf

Reseña en split, Hermanos Menores, Tristán Alumbra

Hace ya casi un par de meses tuve la oportunidad de escuchar en vivo la propuesta de dos de las agrupaciones colombianas de mayor renombre en el ámbito experimental, ambas estaban acompañadas de Danta, Wait y Margarita siempre viva. El concierto fue enmarcado con el nombre de La Vaguada, un recital muy potente, casi como un pequeño festival de nuevas propuestas, que daba cierre a la gira de Margarita siempre viva y Wait por unas cuantas ciudades del territorio nacional. Fue una buena manera de celebrar mi natalicio y poder aclarar algunos cuestionamientos que me impedían escribir una reseña crítica apropiada para el material sonoro que proponen las dos agrupaciones que encabezan este texto. La decisión de hacer un split y no una reseña individual de cada proyecto, radica también en este tiempo de contemplación, en lo que algunos textos llaman “pararse y ver”, ya que, el ejercicio de la reseña crítica no debe sólo satisfacer una necesidad a nivel de juicio (estético, valorativo, personal) sino, proponer otras posibles lecturas sobre el objeto de trabajo (en este caso la música), generar discusión (así sea una discusión imaginaria) y educar (con todo lo que implica esta bella palabra). De otra forma, siento que el ejercicio de escritura crítica queda en el plano de la autosatisfacción, el regodearse de conocer algo o en el vil entretenimiento cotidiano al que nos tienen acostumbrados los magazines musicales de este país.

Dicho todo esto, Hermanos Menores y Tristán Alumbra son dos propuestas que me causan duda, por esto parto de las siguientes preguntas: ¿su validez actual se remite a una deuda sonora que teníamos en nuestro territorio por asimilar referentes musicales nunca antes tocados? ¿su aceptación positiva por parte de los espectadores, se remite a una necesidad de acoger sonidos más arriesgados, contemporáneos, y que no establecen límites entre los referentes académicos, el jazz, la música experimental, el noise (pensado desde el rock, post-rock)? Estos tal vez sean cuestionamientos que no logre responder con un texto de un par de cuartillas, pero siento necesario dejarlos presentes, pues algunas de estas preguntas no necesitan respuesta actual, el curso de los años y la presencia de estos y otros proyectos, darán respuesta al cuestionamiento. Lo que realmente me gustaría ver en unos años, es que tal vez este tipo de propuestas no corresponden a una “moda” por lo experimental, sino más bien, una nueva camada de músicos y artistas curiosos por ciertas sonoridades no presentes en nuestro ambiente, los cuales quieren cambiar un poco los linderos de nuestra expresión musical.

Ahora bien, hay ciertas apropiaciones presentes en ambas agrupaciones que tienen puntos en común, a nivel rítmico es de resaltar que ninguna de las dos indaga en las métricas cotidianas en las que se suele establecer la forma de canción, o forma binaria sin desarrollo. En los Hermanos Menores, notamos una serie de riffs sincopados, en donde la polimetría, la polirítmica y los compases de amalgama son la constante. Al escucharlos en vivo, es un efecto que logra impresionar a muchos, pero que para este escritor, después de un rato recae en efectismo, una serie de disposiciones rítmicas complejas en el ámbito del rock, pero poco interesantes en su desarrollo, sin variación asimétrica, simplemente ritmos retrogradables sobre métricas “extrañas” al rock. El problema que le encuentro a este tipo de recursos es que si no son explorados a fondo, se quedan en la mímesis de rock progresivo virtuoso, donde en este caso se evade el virtuosismo individual, por un virtuosismo de grupo: no hay solos o líneas más preponderantes sobre otras, más bien un acoplamiento sobre la síncopa, una regularización; creo que su curiosidad los va a llevar a otros lugares y sus referentes sonoros pueden ser expandidos si someten estas ideas a oídos de productores sonoros externos. En el caso de Tristán Alumbra, el ritmo es sometido a la capacidad de nunca toca igual nada, es decir, de no tener una coherencia sonora sobre el material rítmico, ya que no se establecen estandartes musicales lo suficientemente reconocibles como para poder modificar o variar, tienen la capacidad de no tocar en una métrica estable. Ahora bien, esto sería interesante si todos los materiales musicales estuvieran destinados a este caos constante, pero no es así, sus líneas melódicas en la voz principal, los bajos electrónicos que interpreta el vocalista, tienden a una normalización del material, a eventos incluso musicalmente inocentes y dentro de la práctica común, con breves intromisiones heterofónicas por parte del saxofón sobre la línea melódica principal.

A nivel tímbrico, los dos proyectos logran ser bastante versátiles, los hermanos menores tienen una formación tradicional de rock, donde no hay presencia vocal y se aprovecha al máximo cada instrumento, sin abusar de los procesos o pedales de efectos, todo muy amoldado a una masa sonora constante y fuerte. Tristán Alumbra tiene un formato que pareciera más cercano a un grupo de free jazz que a un grupo de canciones, lo que hace que en algunos momentos esta disyuntiva tímbrica no logre darle un campo abierto a nivel musical (múltiples combinaciones instrumentales, juegos en la organización del material, polifonía tímbrica) y se parece más a un performance de voz recitada/cantada con tinte de lo que algunos capitalinos llaman arte sonoro.

Formalmente, como ya se mencionó, la estructura recurrente en sus piezas es la forma binaria de canción, con una tendencia a crescendo y masa instrumental que termina en un gran forte o fortissimo, según los pedales y amplificadores de distorsión que tienen, direccionalidad que hace muy previsible la curva dinámica del concierto, y crea un efecto contrario al que creo, esperan: hacen música no tan nueva con intención de ser nueva; parte de la novedad musical no solo radica en que, en un contexto determinado, una propuesta no haya sido apropiada por los locales o que suene a bandas que siempre quisiste escuchar en vivo en tu país; radica más en la posibilidad de sorprender sonoramente al público con la organización del discurso musical, el cual en cada presentación, puede ser replanteado sobre un mismo concepto o idea. No se nos olvide que la música es un arte del tiempo y espacio, es decir, existe cuando interpretamos en vivo, no cuando repetimos como músicos de atril que no tienen nada más que hacer; si algo tiene de enaltecedor el momento actual donde se debaten estas propuestas experimentales y arriesgadas, es que todo nuestro contexto nos asegura que ese no es el camino (como si existiera un camino trazado con antelación) y estas dinámicas culturales las notamos en la selección en los festivales masivos nacionales, en las muestras sonoras programadas por museos, en la música que promueven las instituciones académicas, donde todo debe estar en un género, clasificación o categoría musical, es decir un objeto de museo, algo muerto.

La fuerza que tienen dinámicas independientes como las presentadas en la vaguada, se remiten a que pueden amalgamar con lo que el circuito de industrias culturales busca, y clasifica como “rarito” y, a su vez, abrir su propio camino sin necesidad de validación, su potencia radica en que logren evidenciar con su música que la coherencia es un acto sensible sobre la música y la lógica es el juicio de razón sobre la misma. Por último, es de notar que si bien, todo lo dicho se puede dilucidar en vivo, los discos de ambas agrupaciones son otro cuento, no corresponden a su interpretación, son nuevas versiones. Por esta razón no dedique trabajo de escritura sobre el material sonofijado. Es más, sólo adjunto los links para que el lector tenga un punto de partida, pero si realmente quiere establecer un diálogo con la propuesta, debe escucharlos en vivo.

Sin más, agradezco haberlos conocido de manera sonora y resonar un rato con su música.

Kaliman.

Frankie ha muerto – Extremo

Frankie ha muerto
Extremo
Independiente
2018

Medellín, comienzos de los 90, una época marcada casi exclusivamente por el metal épico, el post-punk y por esa segunda ola del punk-medallo que parece no querer irse ni evolucionar, sino más bien, desde su naturaleza más cruda, ser el más firme representante del rock netamente criollo. De vez en cuando, aparecen propuestas diferentes que de alguna forma refrescan esa escena a veces tan agotada para así, con el devenir de modas tardías a flor de piel, suceder lo inevitable, el surgimiento de ciertos hijos bastardos de los géneros antes mencionados que, aunque creen innovar en su momento, suenan más trasnochados que la técnica de andar a pie.

De esta forma demuestro lo pobre de nuestra escena, un completo contexto histórico por los 90 en no más de diez líneas; una década de apuestas repetidas y proyectos efímeros que posteriormente se convierten en leyendas locales con muy poco. Así que de esta camada de proyectos y sin más ambages, me ocuparé por escribir unas palabras sobre el último disco de una agrupación llamada Frankie ha muerto.

Tal vez muchos lo sepan pero para aquellos que no, Frankie Teardrop es uno de los temas más representativos de la agrupación Suicide. Un track que habla de un sujeto que no puede cubrir las necesidades básicas de su familia y decide matarla para luego suicidarse. ¿Y por qué menciono esto? Porque la agrupación en cuestión, crea su nombre a partir de esta canción, ya que describe ese suplicio del hombre, su lucha por sobrevivir y el inminente encuentro con la muerte.

Frankie ha muerto, como la mayoría de grupos colombianos, nace de jóvenes más encaminados hacia dejar un claro mensaje con sus letras y declaraciones, que hacia mostrar música de calidad. Así, con armonías tradicionales, referencias obvias y una ausencia casi absoluta de melodías vocales, Extremo es una versión beoda de un sinnúmero de referentes post-punk, con algunos tintes heavy y goth. A eso suena esta placa discográfica publicada en 2018, 11 temas llenos de ilusiones rotas, con un afán por sonar sombríos y con una puesta en escena pseudo-futurista y apocalíptica que a muchos nos llena de vergüenza ajena.

Para aquellos conocedores de la escena local, grupos como éste fueron muy representativos para la historia de nuestro rock y aunque han pasado casi 20 años desde sus orígenes, sólo han podido publicar otros tres o cuatro discos. Es éste uno de los principales problemas de las agrupaciones locales y el mayor problema de Extremo, dejan el oficio de la creación musical en un segundo plano y cuando por fin se aventuran a hacerlo, las ideas simplemente no afloran. Señores, ustedes ya no son jóvenes y deberían saber que la creación musical no tiene hora, es por eso que el trabajo creativo nunca puede dejarse a un lado y debe nutrirse sin lasitud a la par del acto en vivo.

A raíz de esto, es que tenemos una escena estancada, agrupaciones con una larga trayectoria temporal pero que no se soportan lo suficiente en placas discográficas, agrupaciones que tocan una y otra vez durante décadas, las mismas diez canciones que dieron a conocer cuando eran unos chiquillos. De esta forma es muy difícil evolucionar musicalmente, porque cuando el oficio no existe, cuando no se toca en vivo hasta el agotamiento y cuando no hay una autoevaluación rigurosa y esmerada, los errores persisten y los vicios se quedan para mal.

Digo esto porque Extremo podría haber sido un disco aceptable a mediados de los 90, pero en el 2018, ya queda poco margen de error para un grupo de este tipo, con casi 20 años de trayectoria. Es decir, en esa época podríamos haber dicho que todos los desaciertos y falencias hacen parte de esa inocencia propia del rock y del contexto en que fueron hechos, que los 90 son duros y que los medios para crear música, escasos. Sin embargo, mucha agua ha corrido ya por esta ciudad y la música es mucho más que sólo contexto, no transmite necesariamente un mensaje y por esta razón, debe apreciarse por lo que es, música.

De igual forma, debemos entender que hay grupos que por mucho que se esfuercen, les es difícil conseguir un producto de calidad, sin fecha de caducidad y que pueda ser visto con orgullo 50 años después.  Así que no, Sr. Garrido, no nos gusta Extremo no porque como usted dice en su entrevista en El Mundo:  “lo que es masivo es un lugar común y ya sabemos que los lugares comunes son vulgares” o  “porque las letras hablan de amor, paradas en lo crudo y no desde el amor baboso y adulcurado [edulcorado] que ya sabemos que da sueño y engaña mucho”.

No nos gusta Extremo simple y llanamente porque para todo hay que prepararse en la vida y no podemos hacer de la música local una oda a la incapacidad. Ya esos tiempos para ese tipo de concesiones pasaron y debemos apartarnos de ese virus tan común en Colombia: grupos sosos, aburridos y mediocres, formados por instrumentistas con pocas ideas, con músicas cargadas de arreglos tediosos, agotados y repetidos hasta el cansancio y con vocalistas que mas que cantantes, bien podrían ofrecernos en carretas, la tan barata y deliciosa piña oro miel.

Violencia, antivalores, muerte, soledad y cataclismos enmarcados según ellos en “un deseo irresistible de hacer música”, yo sería tal vez un poco más específica y cruda: enmarcados en un deseo irresistible de hacer mala música.

Anna Ching

Árbol – Obi.

Obi
Árbol
Kaí records
2018

Recientemente tuve el placer de ser el evaluador de la primera tesis colombiana dedicada a la música ambient, particularmente, el trabajo consiste en una investigación creación inspirada en las grabaciones de ríos y su representación sonoro/musical, en una serie de canciones dentro del género ambient. Al ser un trabajo académico, es usual encontrar el tan amado y odiado estado del arte, el cual en nuestro ámbito local, es inexistente, tanto en producciones musicales, trabajos académicos, investigaciones, sellos y plataformas de distribución. Traigo a colación dicha experiencia, no sólo porque el disco del que haré mi breve reflexión crítica esté dentro de este estilo musical, sino porque una de las anotaciones que hace el autor de dicha tesis, es el cuestionar la grabación de campo y su “creciente moda” como dispositivo estético y no como lo que es, grabación de campo: un proceso que en sí mismo sólo consiste en recolectar material, incluso mucha veces, aislado de la misma escucha, un proceso de captura y aislamiento del oficio sonoro, musical y expresivo, un evento muchas veces completamente contemplativo, casi una no acción.

Luego de capturar o sonofijar sonidos, es importante escuchar de múltiples maneras el material, ninguna escucha es mejor que otra, todas son diferentes y aisladas del objeto sonoro. La magia de este proceso se revela en la transferencia de aura: el lugar donde fue tomada la muestra, el estudio de grabación, el metro, una habitación, el campo; la cual abre los surcos cerrados de la muestra. No hay ruido mejor o peor que otro, no hay necesidad de clasificarlos en juicios estéticos ni mucho menos de valor. Tal vez, sólo en materiales de creación, los cuales aparecen luego de direccionar el discurso sonoro o musical y a su vez, son una doble vía, todo a partir del recorrido coclear, casi como una transformada de fourier, de lo complejo a lo simple.

Árbol del dúo de ambient OBI, con sede en Bogotá, ha publicado una primera obra que inmediatamente queda fijada en la historia en construcción del ambient colombiano, no importa que muchos o pocos lo escuchen, la obra ya está ahí y no necesita mayor explicación, tal vez una breve reflexión crítica de como se puede percibir la escucha, de eso nos encargamos algunos pues lo vemos necesario en nuestro oficio, se nos hace importante aportar desde todos los frentes a la creación de un diálogo, así no existan muchos que quieran conversar, sino simplemente hablar.

El disco comienza con Malva, una serie de sonidos dispuestos uno tras otro en forma de relato programático, donde las múltiples técnicas de grabación y procesamiento de señal: hidrofónica, grabación de campo, grabación en estudio, sampleo, síntesis; generan un discurso sonoro en constante tensión,  que logra transformar la materia liquida en bloques de textura, en bajos profundos, en resonancias parciales. Todos y cada uno de los sonidos aquí dispuestos fueron pensados en ese lugar, su injerencia en la historia no es casual, más bien busca crear un causalidad en su disposición, pensando la envolvente de audio en un detalle expresivo que muchos han olvidado, recordándonos que el sonido y su actividad, muchas veces no sólo se recibe por los oídos y que la resonancia no sólo se percibe en el baile. El cuerpo resuena al sentir dichas frecuencias presente en el flujo de Malva. Dicha tensión que logra aumentar el rango dinámico de las frecuencias concluye en un acorde mayor, translucido, que sirve de elisión para la pieza que da nombre al disco, Árbol, la antítesis que complementa a Malva. Su búsqueda ya no radica en la materialidad casi física del sonido, en su plasticidad, sino en la variación minimalista de los elementos musicales dispuestos allí, diciéndole al escucha que sólo ha pasado la página de un mismo relato y que todo quedará sellado o abierto (depende del escucha) por la lluvia, ese sonido de acogida que nos hace humanos y nos acerca a nuestros vecinos animales, la lluvia como sello, surco y hogar.

Obi estará presentándose en el marco de la semana de la otra escucha, el día jueves 19 de julio junto a Jaime Carvajal (joven promesa de la música contemporánea) y Alejandro Bernal (prominente productor musical y guitarrista) en la tienda de discos, Surco Records. Una experiencia que será muy nutritiva para nuestros oídos y que hace que el proceso de crear un disco en casa sea terminado, pues no hemos de olvidar que la creación musical es un acto socio-cultural y depende del otro para existir.

Kaliman.

Solidarity Forever – Cómeme

Solidarity forever

V/A

Cómeme 2018

Cuando era adolescente tuve una de mis primera decepciones televisivas, yo que siempre he sido adicto a la televisión más que a cualquier vicio o hábito (incluso más que a la música) presencié una versión “moderna” del Fantasma, ese héroe mítico de mi niñez, que conocí a través de las historietas, libros y demás publicaciones en la biblioteca del colegio. La versión se llamaba el fantasma 2040, un intento de actualizar un discurso que no necesitaba actualización y se hizo de la peor manera, a partir de la forma: dibujos animados con tintes de 3d incipiente, efectismo, figuras alargadas que tenían cierta influencia de anime, pero obviamente tenían todo la intención de ser anglosajones. Básicamente, la sensación que me dejaba esta adaptación era la de tratar de reducir un discurso a sus elementos más pobres y no pensar en el discurso; esa misma sensación me produce escuchar el primer track de este compilado, creado por Matias Aguayo, un artista del entretenimiento que hace mucho tiempo no propone material musical interesante. Su intento de latinizar su discurso quedó expuesto de manera reduccionista en Rionegro, un disco en colaboración con Gladkazuka y Sano, artistas colombianos presentes en Cómeme. Selvagem abre este compilado, en el cual dicho sello busca renovar su imagen, lo curioso es que comience con los ya conocidos tambores a 3 contra 4, los remedos del techno detroit en los sintes y la poca intencionalidad dinámica y melódica. Soy consciente de que la música de baile tiene mínimos elementos, pero esto no significa que se deben minimizar hasta su máxima expresión, llegando casi al tedio sonoro. Al igual que el Fantasma 2040, es un intento de representar una selva sci-fi pero a partir de la forma, obviando el contenido de la misma: el ruido, los ritmos no organizados o no retrogradables, las sucesiones melódicas variadas, los timbres abundantes y oscuros del paisaje, combinados con la luminosidad del río, la flora y fauna variable; tal vez este track buscaba lo que algunos colombianos dicen de Rionegro, flipar en la pista de baile (lógicamente europea).

Por fortuna este compilado tiene otros exponentes del género y en el track 2 titulado Trouble boy de katerina, podemos disfrutar de otra postura sobre los timbres, que siendo sonoridades ya muy citadas por su efecto vintage, no se quedan en el mero hecho de citar, sino que tratan de crear un discurso para bailarines un poco más osados, jugando un poco con la síntesis FM, los chorus y buscando en otras síncopas a partir de un ostinato en contratiempo. Si bien, no es algo nueva la estructura, si es coherente en su tratamiento y refresca el e.p. a nivel formal, tratando de darle un poco la vuelta a la típica superposición de materiales sonoros, tan común en la música de baile.

En la oscuridad de Daniel Maloso, es tal vez la pieza más arriesgada de este vinilo buscando en el nu-disco. Con algunos tintes que recuerdan a los divertidos Plastilina Mosh, Maloso juega con los sonidos, el texto, creando una divertida canción que funciona tanto en la pista de baile como en la sala de tu casa compartiendo con unos amigos del final de la tarde. Un tema que diversifica la curva anímica de este compilado y le da una buena antesala a Gladkazuka con su Futuro Caos, un beat oscuro y ruidoso que se remonta sobre el ya conocido sonido de las Roland TR y sus patrones basados en la música caribeña latina (particularmente la salsa) tan presentes en la última década de este productor sonoro. Temáticamente es usual encontrar este discurso y dirección en Gladkazuka, tratando de recordarnos que el baile también tiene historia y que si bien su objeto es movilizar el cuerpo, este mismo ya no responde a los mismos impulsos de la misma manera. La contención con que el autor dispone cada uno de los elementos va generando atmósferas y texturas diferentes con los mismo elementos, llevando cadenciosamente la temática oscura del caos, reflejada en una fuerte línea de bajo.

Me causa curiosidad la dinámica de publicación que veo en estos productores sonoros, pareciera que estuviera aplicando un poco las técnicas de la mal llamada música urbana o reggaeton, donde poco se publican discos y se tiende a estar girando y tocando, dejando poco material a la posteridad. No sé muy bien a qué responde este fenómeno, pues veo que tiene todas las herramientas de mercadeo para mantener una cadena de producción, distribución y exhibició. Sería interesante saber cuál es la decisión para postergar la publicación de discos y recurrir a sacar e.p.’s o compilados ¿no hay material para publicar? ¿no hay necesidad de hacerlo?

Kaliman

Mitú – Cosmus

Mitú
Cosmus
ZZK Records
2017

Mitú es un dúo conformado por Julián Salazar y Franklin Tejedor, con varios discos a cuestas que los han hecho ser ya reconocidos dentro de la escena hipster de la capital colombiana y por ende, en otras latitudes del país.

Mitú no es más que una apuesta ya hecha por otros, es el querer ganar en la ruleta apostando a todos los números. ¿Y por qué digo esto? porque en Cosmus, disco publicado en julio del 2017, este proyecto sigue en su trabajo de explorar caminos ya recorridos por muchos. Sonidos tradicionales colombianos tamizados por cajas de ritmos, sintetizadores y muchos filtros que no convierten a un proyecto en “vanguardista”, así todos los supuestos críticos musicales de este país lo digan.

“Cosmus” es una desmedida apuesta formal que no ofrece nada nuevo en ninguno de los dos terrenos. Dentro de lo tradicional se queda en lo obvio porque los integrantes de este duo no tienen esa vena que los haya llevado a conocer estos ritmos hasta el dolor; y por el lado de la electrónica tampoco llegan a mucho porque la vasta mayoría de los timbres utilizados, no van más allá de tímidas exploraciones con la última moda en sintetizadores.

Sin embargo,  no todo está perdido en el territorio Mitú. Temas como Pyra muestran que hay buenas ideas dentro del proyecto, sólo que tal vez el afán de dinero, los ha hecho enfocarse hacia terrenos menos demandantes y más seguros. Y es que ya desde que Paul Simon publicara Graceland, una afrenta para muchos y una obra maestra para otros, el world music ha pasado por muchas etapas hasta llegar a este tipo de híbridos que se hicieron muy populares en la primera década de este siglo. Música electrónica mezclada con músicas folclóricas brasileñas o ritmos africanos emplastados en deep house, han sido la constante en sellos como Putumayo o Irma y que han avenado una fórmula a un literal punto de no retorno.

Así, Cosmus es un disco sobreproducido hasta el tuétano. Coretes como “Melgar” o “Fiebre” dan cuenta de eso; filtros y arpegiadores en exceso con cantaoras, son la fugaz clave del éxito para  revistas gomelas tipo shock o pone-discos de emisoras criollas, pero si nos detenemos por un segundo en el mediano o largo plazo, esta es una ruta que tristemente sólo lleva  a crear música para el olvido y que se vinagra más rápido que un arroz a la intemperie.

Pogue Mahone

Alcolirykoz – Servicios Ambulatorioz

Alcolirykoz
Servicios Ambulatorioz
Independiente
2017

Life’s a bitch and then you die
That’s why we get high
‘Cause you never know when you’re gonna go”
Nas.

Por motivo de los veinte años del lanzamiento de Illmatic del rapero norteamericano Nas, en el pasado mes de abril se realizó un concierto en la versión sinfónica de dicho álbum, un gesto que para algunos se puede ver como elitista, snob o clásico y que incluso hace mella al precio Pulitzer otorgado a otro no tan grande del mismo género: Kendrick Lammar. Se hace este pequeño paréntesis (musical y periodístico o de cultura general) solo para establecer el contexto en el que se escribe esta reseña, en un contrapunto entre el trío de Aranjuez y Nas, a Lammar como ya se sugirió se puede sacar de la ecuación.

Servicios Ambulatorioz es posiblemente la obra maestra de Alcolirykoz y como tal no solo alza la vara de este grupo, sino establece un nuevo paradigma sonoro en el mundo del hip hop nacional, asegurar esto es fácil, argumentar esta afirmación, otra cosa. La agrupación ya nos tenía acostumbrada a sus rimas cargadas de crítica profunda, con un guiño al humor, lo cómico, lo local (medellín, aranjuez) entendiendo que son parte de un todo, es decir, una semiesfera (Aranjuez state of mind) que hace parte de un problema mayor: el mundo contemporáneo. Su profundidad no necesita estar cargada de citas literarias, pero cuando se hace presente, echan mano de personajes como Fernando González o Gonzalo Arango, los cuales al igual que los ninjaz recolectan el paisaje popular como eso: paisaje; creando un contexto y representando historias que comienzan en el barrio, pero lo trascienden. Para algunos esta manera de elaborar sus líricas es sobre estilizar el chiste, para este servidor, es simplemente un proceso natural en un escritor o artista, el lenguaje cambia, se re-elabora, se re-escribe, tal y como sucede con el palimpsesto visual que solemos llamar graffiti.

En esta línea crítica, el disco esta cargado de tiradera como suelen decirle al gesto de estar tirando rimas en contra de uno o varios personajes, muchas de estas tienen casi un nombre y apellido adjunto, pero finamente escondido en su elaboración retórica, con Alcolirycoz no se juega a lo obvio y menos se puede salir ileso, ahora bien a quien o quienes van estas lanzas. A las redes sociales y el falso ideal que genera en muchos artistas, youtubers o figuras públicas, quienes creen que tener cierto número de seguidores valida el oficio “las redes sociales si que salen caras, bebé cuando el servicio es gratis”, el producto es usted, esto sin contar con todos los usuarios que diariamente (cándidos o no) cargan de datos el mayor gestor de información vacio: Facebook. Contra lo músicos urbanos, que a través de un solo género (reggaeton) unifican el sonido de una ciudad o en este caso un país, un fenómeno que comenzó siendo musical y de entretenimiento y que ahora ahonda incluso los gestos de los jóvenes de altos estratos sociales, los cuales se quieren ver como chicos malos, imitar sus gestos e incluso idolatran la vida fácil, esa que tanto está en voga en canales locales con novelones disfrazados de reconciliación y paz, enalteciendo a personajes dañinos para nuestro país y arruinando la sombra de grandes como el presentador de Quac, el gran Jaime Garzón. En contra de los que creen que el relato histórico está a un click de distancia, desde la comodidad de un celular inteligente, esos que tiene cero curiosidad por el mundo por fuera de su esfera de protección.

Ahora bien, sus beats han sido perfeccionados, explorando otras sonoridades en el sampleo de nuevos referentes o más bien, viejos pero reformulados, evitando el lugar común en que no está situando algunas productoras de hip hop del área metropolitana, las cuales no dejan descansar a Nina Simone y Rodolfo Aicardi, creyendo que ese es el discurso de Medellín, como si existiera uno solo, casi tratando de afirmar el panfleto institucional a nivel de cultura. Se le suma un gran juego rítmico, sin miedo y con firmeza, incluso ahondando la música disco, haciendo de esta placa una verdadera propuesta de música electrónica, la cual no se puede olvidar es el origen del género, el dub como fuente e inspiración, el mc que viene del toast, la música concreta como el pre sampling, y el afrofuturismo (concepto muy de moda en los ámbitos académicos actuales) de personajes como Afrika Bambaataa. El Arkeologo hace la tarea, revisa y como etnógrafo, escarba para encontrar, descubrir y apropiar el sonido necesario para cada canción.

Como dije al principio de esta reseña, al poner esta vara tan alta lo que viene es responder al reto, estos ninjaz han demostrado poder y querer continuar la tarea. Tal vez mucho de esto responda las condiciones en que se crea, muchos antropólogos sugieren que entre más duras son las condiciones, mayor es la fuerza con que se intenta revertirlas, la resiliencia de la que tanto se habla ahora, tal vez simplemente es una necesidad de vivir, porque como ya lo dijo Nas…

Kaliman.

P.d: se ha anunciado una serie web próxima a lanzarse sobre los Alcolirykoz, ya era hora, ¿no?

Madriguera – Roedor

Roedor
Madriguera
Monofónicos
2018

La madriguera de Roedor comienza con cuatro segundos de piso sonoro, donde un sintetizador entre arpegios aleatorios sugiere la salida, el fondo de la caverna, el medio de la caverna, mientras un beat fuerte de kick y handclap muy cerrado, muy comprimido anuncian el posible camino, este track ha sido nombrado propaganda y compuesto por Miguel Isaza filósofo, músico, escucha (no necesariamente en ese orden) personaje que no gusta de las categorías absolutas y prefiere las ramas posmodernas y actuales. Roedor es una de ellas, una que explora el ritmo, la melodía, la textura, el timbre en ámbitos más cercanos a la música electrónica, el ritmo quebrado y una sigla que sirve como sombrilla a muchos procesos sonoros: I.D.M.

En madriguera la intención es notoria: crear relaciones entres las grabaciones de campo y el breakbeat, muchas de estas se logran a partir de planos de escucha (habitual en el trabajo de Isaza, sobre todo el que es de orden contemplativo y cercano al arte sonoro) otras buscan generar relaciones entre los ritmos generados por la grabación de campo, adecuados a valores casi que alfanuméricos, donde la relación entre beat, sintetizador/ bajo, sintetizador/ruido, sintetizador/textura evidencian datos en bruto vueltos secuencias cercanas al baile inteligente y vanguardista, ese que pocas veces vemos brillar en este pequeño valle.

Dicho esto, es clara la falta de interés del autor en ahondar el camino de la melodía tonal, narrativa y de alta recordación, más bien evade este proceso para que el escucha se sumerja de maneras diferentes en la escucha, casi como el proceso de salir de la madriguera/caverna, buscando su propio axioma, su propio rizoma rítmico, ese que tal vez esté presente a nivel de frecuencias, ritmo o bpm, textura o su propio discurso, ese que nadie puede conocer, pero une a todos, y que recae en el silencio. En eso tal vez Isaza suele tener razón al citar a John Milton Cage, todos buscamos el silencio, aunque algunas veces pareciera que todos buscamos el ruido.

Cuando escucho este tipo de publicaciones, siempre viene a mi, tal vez por creer que la música es más viva cuando esta en escena ¿cómo se podría interpretar este tipo de material? Y mi pregunta muchas veces va dirigida a ¿cómo modificar la interpretación en vivo de un proceso casi acusmático en su esencia? ¿cómo liberar el acto performático del músico? Estas preguntas las dejo abiertas al autor de este disco y a otros creadores en la renaciente escena de Medellín, esa que está buscando en otros discursos sin importar que tengamos una programación cultural hello kitty, como leí hace poco en un post de Facebook. Siento que a pesar de la comodidad lograda por los jóvenes del ruido, los jóvenes del algoritmo y los detractores de todo, la música y sobre todo la música buena, está logrando abrirse brecha a instituciones públicas, privadas y de asociación múltiple, a ciclos de conciertos que perdieron el norte colaborativo y abierto, para ser solo la plataforma de un nicho específico. Esos que no confunden trabajar con otros, con aprovecharse de otros, esos que piensan en que la música es un ejercicio horizontal y vertical, tal y como nos ha enseñado el mismo oficio.

Madriguera es un buen ejemplo de un discurso metafísico y político expuesto a través del sonido, de una cierta incomodidad que apela al título puesto a cada uno de estos espacios sonoros y los ubica en la tensión, distensión y relajación presente en su sintaxis sonora, evadiendo muchos lugares comunes y representando el oficio juicioso de este joven compositor sónico.

Kalimán.

Kalimán – Los toscos y Tony Malaby

Kalimán

Los Toscos y Tony Malaby

Sello: Matik-Matik

2013

¿Qué se necesita para hacer nueva música en Colombia? ¿el pasaporte es condicional de estilo? Por mucho tiempo en mi época universitaria, este era un tema obligado por los miembros de la vanguardia musical paisa, esos que andaban buscando en los festivales de músicas folklóricas, festivales de jazz, los mismos que criticaban y hasta despreciaban fuertemente la academia donde andaban pagando una suma considerable de dinero. Algunos terminaron y continúan su camino, pero hacia una dirección digamos más dentro del mundo del entretenimiento, eso sí, sin negar su colombianidad, solo que con un tono más cómico y burlesco. Otros se dedicaron a ser músicos de sesión, promulgar el oficio del músico bien pago (desde el mismo hacer) y colaborando eventualmente con proyectos de su gusto. De ese momento, creo en Medellín no hay mucho que continúe dando frutos sonoros, algo que se esté pensando desde un nuevo proyecto de identidad nacional, o por lo menos no sobresale mucho en términos de publicaciones, conciertos y continuidad.

¿Qué pasó entonces? Los festivales donde los pelimorados gritaban improperios contra los jóvenes de la nueva música colombiana siguen ahí, los sombreros vueltiao´s son producto de exportación nacional ¿el cambio generacional trajo consigo una nueva colombianidad? ¿los aires nacionales ya son la champeta y el reggaeton? O ¿simplemente aprendimos que la expresiones musicales no hay que dividirlas con etiquetas y que el espíritu de una nación (incluso en Colombia) es la diversidad de posibilidades y apropiaciones estéticas?

El ejercicio mismo de haber escuchado un disco del 2013 y sentirlo como nuevo es ejemplo de esto. Lo descubrí por la celebración de los 10 años de matik-matik, la cual tuvo una programación increíble y yo por provinciano me perdí, eso además de que sufro un poco en la capital. En dicho onomástico, noté que invitaron a Tony Malaby, un personaje que para mi hoy no dice mucho, no tengo muchas referencias, pues debo admitir el jazz no es mi tema, y de entrada me hará quedar mal en términos de la crítica musical que estoy abordando, pues solo la podré acoger desde mis conocimientos de escucha por fuera del estilo. De los Toscos ya tengo varios registros, bastantes emotivos y de gran interés, como grupo y como individuos que andan deconstruyendo ese proyecto nacionalista en el que andaban mis colegas, hace 10 años atrás. Ambos, Malaby y Los Toscos, miran pa´lante y sin mente López, porque así lo sienten, con un sentimiento histórico claro, donde para seguir a la vanguardia se debe ser consciente de lo recorrido, y es allí donde me encuentro con ellos.

Kalimán (personaje mexicano de historieta, llevado al cine en varios ocasiones, su nombre viene de la kali: diosa guerrera, mán: hombre, anglicismo acomodado incluso con la tilde que lleva) fue por asuntos filogenéticos mi héroe de infancia, y como habrán notado algunos de mis lectores (en caso de que existan) es tal la influencia, que destino su disfraz para mi faceta más recóndita: la de escucha y crítico musical. Así mismo, es el nombre que dispusieron Los Toscos y Tony Malaby a esta producción del sello matik-matik. Un disco que desde su título remite a una apropiación cultural sobre materiales sonoros de origen anglosajón: jazz, música académica contemporánea, música folklórica colombiana, música postonal. Donde los títulos de las piezas, sugieren la temporalidad de este héroe, el cual llegó a Latinoamérica por la cadena radial Todelar, y luego a la pantalla grande con actores canadienses con una tez cargada de maquillaje, para así darle el elemento latino. Tal vez en ese discurso extramusical es donde habita dicho disco, en el juego de lo que significa ser colombiano o latino, en la vivencia de los poscolonial y el chiste como recurso no cómico y proxémico (como esperan muchos festivales nacionales, más que internacionales) sino como material musical, pero ¿cómo expresar chistes en términos musicales? ¿sobre todo cuando no se quiere hacer ninguno de los hijos bastardos de la ópera buffa, el musical y otros tantos géneros líricos y redundantes? Comprendiendo que la música no tiene pasaporte, como el arte, y si lo tiene es para lo que sirve el mismo: para hacer transferencias, transacciones y giros transnacionales.

No necesito nombrar mi música tecno campero modelo 79 o el chacacosteño, para lograr evidenciar mi lugar de origen, pues ese lugar no me define, simplemente es eso una espacio donde se nace, pero que no condiciona mis relaciones con el mundo, menos mi obra. Tampoco es necesario ser elegido por la beca Carlos Vives de los Latin Grammy ¿o si?

Ahora bien, Kaliman propone juegos tímbricos y contrapuntísticos que transforman la disposición orquestal de un ensamble de jazz tradicional, abordando heterofónias, imitaciones, juegos entre la masa y la densidad del grupo, incluso pequeños momentos de caos rítmico complejo, donde sólo es posible abordar de a uno cada timbre, para luego encontrar el diálogo de los mismos, una experiencia cercana a escuchar el contrapunto libre del siglo XX y XXI, con un ambiente de free jazz, bebop e improvisación libre. Es difícil aislar alguna de la piezas, incluso pareciese que el orden específico en que se disponen en el disco fuera parte de la sintaxis musical.

Los Toscos continúan muy activos, de manera individual y grupal, incluso después de participar activamente en la celebración de los 10 de matik-matik, esta semana terminó la tercera versión de El Marrano no se vende, festival de improvisación y otras rarezas musicales, el cual acogió con mayor apertura algunos de los representantes de la nueva música colombiana, agrupaciones, solistas y colectivos que solo guardan en común haber nacido en este terruño en el trópico.

Kalimán.

Goli – Otros Ojos

Goli

Otros Ojos

2018

Dice el maestro Mario Gómez-Vignes que a la hora de abordar la música vocal con lírica, debemos darle prioridad a la acentuación del mismo, evitando “malas” (las comillas son mías) interpretaciones del lenguaje. En contraposición, el maestro Coriún Aharonián decía que esto no era una regla inviolable pues en música popular, lo que le da muchas veces dicho sentido, es el juego semántico que se logra al “mal acentuar” las palabras. El disco de Sara Rodas Correa (autodenominada artísticamente Goli) comienza con un par de malas acentuaciones que tratan de sugerir intencionalidades estéticas (de la estética que significa percibir con los sentidos, no la estética de la escuela mariela, esa de lo bello y lo feo) más allá del texto a través de los sonidos. En dicha tarea se queda un poco corta, y no porque su música no sea programática (es decir con una intención extramusical descriptiva), sino porque se enfoca más en reflejar sus influencias pop en una serie de textos cortos a nivel narrativo, semántico y metafórico. Sara no es poeta, pero tampoco se necesita serlo para hacer buenas canciones con buenas letras.

La culpa no es de ella, tal vez los relatos de hoy en día no son tan sugerentes; son cortos, emocionantes, de vuelo alto y rápida caída. De pronto sonará a una queja de anciano, pero la retórica actual es más bien floja y no contempla la multiplicidad de experiencias para el escucha, sobre todo con un discurso tan poderoso y que llega a tanta gente, como lo es la canción pop.

Instrumentalmente Otros Ojos aprovecha las habilidades tímbricas del guitarrista Víctor Acevedo, que permiten una disposición armónica interesante en una secuencia simple de tres acordes. Ya la ciudad ha conocido sus texturas en diversos proyectos y denota una cierta frescura con respecto a los trabajos anteriores de esta joven artista,. Además, la banda que acompaña tiene una buena experiencia en proyectos de cortes cercanos, Alejandro Bernal en el bajo, Alfonso Posada en la Batería y Juan Diego Galvis en la guitarra e ingeniería, le dan un cierto carácter local, que se nota en canciones como Pudo ser, con su interludio instrumental muy cercano a bandas como Parlantes en su Stella Maris. Las influencias directas del disco se notan en el sonido de la chanson francesa y sus consecuencias en Latinoamérica. Algunas veces sería necesario caer al fondo real del problema en términos sonoros, hundirse en la tristeza absoluta, o llegar a una euforia que dé esa fuerza a las frases que se disponen en la voz. Un ejemplo puntual lo encontramos en Mirar: “el día no existe y la noche no existe, y un poco de luz no caería mal, ver más allá de la oscuridad, dejarse caer, todo caerá”. Lo interesante en esta estrofa es la reiteración melódica sobre esta negación: no existe, sin embargo se queda corta la intención y pareciera la imitación de la diosa de la canción iberoamericana: Natalia Lafourcade.

Rodas tiene grandes habilidades como cantante y una gran banda detrás de ella ¿por qué recaer en los lugares comunes que propone el contexto actual? Puede ser por gusto y seguramente, esto es lo que asegure el futuro éxito que vaya a tener este disco; la pregunta va más hacia ¿cuándo escucharemos a la verdadera Sara? o simplemente ¿no se puede alcanzar una obra completamente sincera, alejada de las fuertes influencias, el sonido propio que sale desde lo más hondo del ser, ese que nace de la intuición mañanera? En esa dirección, la literatura ha propuesto no exponer al autor como primer y único foco de su escritura. Ejemplos hay muchos, yo disfruto de autores como Tomás González, Fernando Vallejo o el poeta José Manuel Arango, que parten del juego de ponerse a sí mismos (y en algunos casos incluso su nombre de pila dentro de sus relatos), sin olvidar que es una representación, una ficción que le juega a la imitación de sí mismo. Pocos escritores de canciones he conocido que logren esto y tal vez me falte mucho por escuchar para lograr encontrarlos, sobre todo en nuestra lengua nativa, el español.

En una tercera escucha me detuve por un buen tiempo en aspectos sonoros más llamativos, es el caso de canciones como Perdida y Adiós, el primero por el juego rítmico sobre el ostinato propuesto entre batería y guitarra, todo esto bellamente conducido por el bajo tocado desde el sintetizador con una sinusoide que, como saben algunos, es un sonido puro, es decir, sin armónicos. Adiós, trae una atmósfera a petricor, logrado por un piano escindido en la reverberación de la sala, acompañado por la serie de armónicos artificiales en los violines y viola, y que por medio de una buena conducción de voces, logra armonizar el timbre característico de Goli. La orquestación para cuarteto de cuerdas estuvo a cargo de Simón Mesa, compositor e integrante de Hombre Memoria; ambas piezas parecieran anunciar nuevos vientos o por lo menos refrescan el panorama.

Al ahondar en un disco nuevo como éste, no queda más que desearle una buena suerte a Sara y sus acompañantes en esta nueva apuesta, cada disco es un nuevo comienzo.

kaliman.