Mitú – Cosmus

Mitú
Cosmus
ZZK Records
2017

Mitú es un dúo conformado por Julián Salazar y Franklin Tejedor, con varios discos a cuestas que los han hecho ser ya reconocidos dentro de la escena hipster de la capital colombiana y por ende, en otras latitudes del país.

Mitú no es más que una apuesta ya hecha por otros, es el querer ganar en la ruleta apostando a todos los números. ¿Y por qué digo esto? porque en Cosmus, disco publicado en juio del 2017, este proyecto sigue en su trabajo de explorar caminos ya recorridos por muchos. Sonidos tradicionales colombianos tamizados por cajas de ritmos, sintetizadores y muchos filtros que no convierten a un proyecto en “vanguardista”, así todos los supuestos críticos musicales de este país lo digan.

“Cosmus” es una desmedida apuesta formal que no ofrece nada nuevo en ninguno de los dos terrenos. Dentro de lo tradicional se queda en lo obvio porque los integrantes de este duo no tienen esa vena que los haya llevado a conocer estos ritmos hasta el dolor; y por el lado de la electrónica tampoco llegan a mucho porque la vasta mayoría de los timbres utilizados, no van más allá de tímidas exploraciones con la última moda en sintetizadores.

Sin embargo,  no todo está perdido en el territorio Mitú. Temas como Pyra muestran que hay buenas ideas dentro del proyecto, sólo que tal vez el afán de dinero, los ha hecho enfocarse hacia terrenos menos demandantes y más seguros. Y es que ya desde que Paul Simon publicara Graceland, una afrenta para muchos y una obra maestra para otros, el world music ha pasado por muchas etapas hasta llegar a este tipo de híbridos que se hicieron muy populares en la primera década de este siglo. Música electrónica mezclada con músicas folclóricas brasileñas o ritmos africanos emplastados en deep house, han sido la constante en sellos como Putumayo o Irma y que han avenado una fórmula a un literal punto de no retorno.

Así, Cosmus es un disco sobreproducido hasta el tuétano. Coretes como “Melgar” o “Fiebre” dan cuenta de eso; filtros y arpegiadores en exceso con cantaoras, son la fugaz clave del éxito para  revistas gomelas tipo shock o pone-discos de emisoras criollas, pero si nos detenemos por un segundo en el mediano o largo plazo, esta es una ruta que tristemente sólo lleva  a crear música para el olvido y que se vinagra más rápido que un arroz a la intemperie.

Pogue Mahone

Alcolirykoz – Servicios Ambulatorioz

Alcolirykoz
Servicios Ambulatorioz
Independiente
2017

Life’s a bitch and then you die
That’s why we get high
‘Cause you never know when you’re gonna go”
Nas.

Por motivo de los veinte años del lanzamiento de Illmatic del rapero norteamericano Nas, en el pasado mes de abril se realizó un concierto en la versión sinfónica de dicho álbum, un gesto que para algunos se puede ver como elitista, snob o clásico y que incluso hace mella al precio Pulitzer otorgado a otro no tan grande del mismo género: Kendrick Lammar. Se hace este pequeño paréntesis (musical y periodístico o de cultura general) solo para establecer el contexto en el que se escribe esta reseña, en un contrapunto entre el trío de Aranjuez y Nas, a Lammar como ya se sugirió se puede sacar de la ecuación.

Servicios Ambulatorioz es posiblemente la obra maestra de Alcolirykoz y como tal no solo alza la vara de este grupo, sino establece un nuevo paradigma sonoro en el mundo del hip hop nacional, asegurar esto es fácil, argumentar esta afirmación, otra cosa. La agrupación ya nos tenía acostumbrada a sus rimas cargadas de crítica profunda, con un guiño al humor, lo cómico, lo local (medellín, aranjuez) entendiendo que son parte de un todo, es decir, una semiesfera (Aranjuez state of mind) que hace parte de un problema mayor: el mundo contemporáneo. Su profundidad no necesita estar cargada de citas literarias, pero cuando se hace presente, echan mano de personajes como Fernando González o Gonzalo Arango, los cuales al igual que los ninjaz recolectan el paisaje popular como eso: paisaje; creando un contexto y representando historias que comienzan en el barrio, pero lo trascienden. Para algunos esta manera de elaborar sus líricas es sobre estilizar el chiste, para este servidor, es simplemente un proceso natural en un escritor o artista, el lenguaje cambia, se re-elabora, se re-escribe, tal y como sucede con el palimpsesto visual que solemos llamar graffiti.

En esta línea crítica, el disco esta cargado de tiradera como suelen decirle al gesto de estar tirando rimas en contra de uno o varios personajes, muchas de estas tienen casi un nombre y apellido adjunto, pero finamente escondido en su elaboración retórica, con Alcolirycoz no se juega a lo obvio y menos se puede salir ileso, ahora bien a quien o quienes van estas lanzas. A las redes sociales y el falso ideal que genera en muchos artistas, youtubers o figuras públicas, quienes creen que tener cierto número de seguidores valida el oficio “las redes sociales si que salen caras, bebé cuando el servicio es gratis”, el producto es usted, esto sin contar con todos los usuarios que diariamente (cándidos o no) cargan de datos el mayor gestor de información vacio: Facebook. Contra lo músicos urbanos, que a través de un solo género (reggaeton) unifican el sonido de una ciudad o en este caso un país, un fenómeno que comenzó siendo musical y de entretenimiento y que ahora ahonda incluso los gestos de los jóvenes de altos estratos sociales, los cuales se quieren ver como chicos malos, imitar sus gestos e incluso idolatran la vida fácil, esa que tanto está en voga en canales locales con novelones disfrazados de reconciliación y paz, enalteciendo a personajes dañinos para nuestro país y arruinando la sombra de grandes como el presentador de Quac, el gran Jaime Garzón. En contra de los que creen que el relato histórico está a un click de distancia, desde la comodidad de un celular inteligente, esos que tiene cero curiosidad por el mundo por fuera de su esfera de protección.

Ahora bien, sus beats han sido perfeccionados, explorando otras sonoridades en el sampleo de nuevos referentes o más bien, viejos pero reformulados, evitando el lugar común en que no está situando algunas productoras de hip hop del área metropolitana, las cuales no dejan descansar a Nina Simone y Rodolfo Aicardi, creyendo que ese es el discurso de Medellín, como si existiera uno solo, casi tratando de afirmar el panfleto institucional a nivel de cultura. Se le suma un gran juego rítmico, sin miedo y con firmeza, incluso ahondando la música disco, haciendo de esta placa una verdadera propuesta de música electrónica, la cual no se puede olvidar es el origen del género, el dub como fuente e inspiración, el mc que viene del toast, la música concreta como el pre sampling, y el afrofuturismo (concepto muy de moda en los ámbitos académicos actuales) de personajes como Afrika Bambaataa. El Arkeologo hace la tarea, revisa y como etnógrafo, escarba para encontrar, descubrir y apropiar el sonido necesario para cada canción.

Como dije al principio de esta reseña, al poner esta vara tan alta lo que viene es responder al reto, estos ninjaz han demostrado poder y querer continuar la tarea. Tal vez mucho de esto responda las condiciones en que se crea, muchos antropólogos sugieren que entre más duras son las condiciones, mayor es la fuerza con que se intenta revertirlas, la resiliencia de la que tanto se habla ahora, tal vez simplemente es una necesidad de vivir, porque como ya lo dijo Nas…

Kaliman.

P.d: se ha anunciado una serie web próxima a lanzarse sobre los Alcolirykoz, ya era hora, ¿no?

Madriguera – Roedor

Roedor
Madriguera
Monofónicos
2018

La madriguera de Roedor comienza con cuatro segundos de piso sonoro, donde un sintetizador entre arpegios aleatorios sugiere la salida, el fondo de la caverna, el medio de la caverna, mientras un beat fuerte de kick y handclap muy cerrado, muy comprimido anuncian el posible camino, este track ha sido nombrado propaganda y compuesto por Miguel Isaza filósofo, músico, escucha (no necesariamente en ese orden) personaje que no gusta de las categorías absolutas y prefiere las ramas posmodernas y actuales. Roedor es una de ellas, una que explora el ritmo, la melodía, la textura, el timbre en ámbitos más cercanos a la música electrónica, el ritmo quebrado y una sigla que sirve como sombrilla a muchos procesos sonoros: I.D.M.

En madriguera la intención es notoria: crear relaciones entres las grabaciones de campo y el breakbeat, muchas de estas se logran a partir de planos de escucha (habitual en el trabajo de Isaza, sobre todo el que es de orden contemplativo y cercano al arte sonoro) otras buscan generar relaciones entre los ritmos generados por la grabación de campo, adecuados a valores casi que alfanuméricos, donde la relación entre beat, sintetizador/ bajo, sintetizador/ruido, sintetizador/textura evidencian datos en bruto vueltos secuencias cercanas al baile inteligente y vanguardista, ese que pocas veces vemos brillar en este pequeño valle.

Dicho esto, es clara la falta de interés del autor en ahondar el camino de la melodía tonal, narrativa y de alta recordación, más bien evade este proceso para que el escucha se sumerja de maneras diferentes en la escucha, casi como el proceso de salir de la madriguera/caverna, buscando su propio axioma, su propio rizoma rítmico, ese que tal vez esté presente a nivel de frecuencias, ritmo o bpm, textura o su propio discurso, ese que nadie puede conocer, pero une a todos, y que recae en el silencio. En eso tal vez Isaza suele tener razón al citar a John Milton Cage, todos buscamos el silencio, aunque algunas veces pareciera que todos buscamos el ruido.

Cuando escucho este tipo de publicaciones, siempre viene a mi, tal vez por creer que la música es más viva cuando esta en escena ¿cómo se podría interpretar este tipo de material? Y mi pregunta muchas veces va dirigida a ¿cómo modificar la interpretación en vivo de un proceso casi acusmático en su esencia? ¿cómo liberar el acto performático del músico? Estas preguntas las dejo abiertas al autor de este disco y a otros creadores en la renaciente escena de Medellín, esa que está buscando en otros discursos sin importar que tengamos una programación cultural hello kitty, como leí hace poco en un post de Facebook. Siento que a pesar de la comodidad lograda por los jóvenes del ruido, los jóvenes del algoritmo y los detractores de todo, la música y sobre todo la música buena, está logrando abrirse brecha a instituciones públicas, privadas y de asociación múltiple, a ciclos de conciertos que perdieron el norte colaborativo y abierto, para ser solo la plataforma de un nicho específico. Esos que no confunden trabajar con otros, con aprovecharse de otros, esos que piensan en que la música es un ejercicio horizontal y vertical, tal y como nos ha enseñado el mismo oficio.

Madriguera es un buen ejemplo de un discurso metafísico y político expuesto a través del sonido, de una cierta incomodidad que apela al título puesto a cada uno de estos espacios sonoros y los ubica en la tensión, distensión y relajación presente en su sintaxis sonora, evadiendo muchos lugares comunes y representando el oficio juicioso de este joven compositor sónico.

Kalimán.

Kalimán – Los toscos y Tony Malaby

Kalimán

Los Toscos y Tony Malaby

Sello: Matik-Matik

2013

¿Qué se necesita para hacer nueva música en Colombia? ¿el pasaporte es condicional de estilo? Por mucho tiempo en mi época universitaria, este era un tema obligado por los miembros de la vanguardia musical paisa, esos que andaban buscando en los festivales de músicas folklóricas, festivales de jazz, los mismos que criticaban y hasta despreciaban fuertemente la academia donde andaban pagando una suma considerable de dinero. Algunos terminaron y continúan su camino, pero hacia una dirección digamos más dentro del mundo del entretenimiento, eso sí, sin negar su colombianidad, solo que con un tono más cómico y burlesco. Otros se dedicaron a ser músicos de sesión, promulgar el oficio del músico bien pago (desde el mismo hacer) y colaborando eventualmente con proyectos de su gusto. De ese momento, creo en Medellín no hay mucho que continúe dando frutos sonoros, algo que se esté pensando desde un nuevo proyecto de identidad nacional, o por lo menos no sobresale mucho en términos de publicaciones, conciertos y continuidad.

¿Qué pasó entonces? Los festivales donde los pelimorados gritaban improperios contra los jóvenes de la nueva música colombiana siguen ahí, los sombreros vueltiao´s son producto de exportación nacional ¿el cambio generacional trajo consigo una nueva colombianidad? ¿los aires nacionales ya son la champeta y el reggaeton? O ¿simplemente aprendimos que la expresiones musicales no hay que dividirlas con etiquetas y que el espíritu de una nación (incluso en Colombia) es la diversidad de posibilidades y apropiaciones estéticas?

El ejercicio mismo de haber escuchado un disco del 2013 y sentirlo como nuevo es ejemplo de esto. Lo descubrí por la celebración de los 10 años de matik-matik, la cual tuvo una programación increíble y yo por provinciano me perdí, eso además de que sufro un poco en la capital. En dicho onomástico, noté que invitaron a Tony Malaby, un personaje que para mi hoy no dice mucho, no tengo muchas referencias, pues debo admitir el jazz no es mi tema, y de entrada me hará quedar mal en términos de la crítica musical que estoy abordando, pues solo la podré acoger desde mis conocimientos de escucha por fuera del estilo. De los Toscos ya tengo varios registros, bastantes emotivos y de gran interés, como grupo y como individuos que andan deconstruyendo ese proyecto nacionalista en el que andaban mis colegas, hace 10 años atrás. Ambos, Malaby y Los Toscos, miran pa´lante y sin mente López, porque así lo sienten, con un sentimiento histórico claro, donde para seguir a la vanguardia se debe ser consciente de lo recorrido, y es allí donde me encuentro con ellos.

Kalimán (personaje mexicano de historieta, llevado al cine en varios ocasiones, su nombre viene de la kali: diosa guerrera, mán: hombre, anglicismo acomodado incluso con la tilde que lleva) fue por asuntos filogenéticos mi héroe de infancia, y como habrán notado algunos de mis lectores (en caso de que existan) es tal la influencia, que destino su disfraz para mi faceta más recóndita: la de escucha y crítico musical. Así mismo, es el nombre que dispusieron Los Toscos y Tony Malaby a esta producción del sello matik-matik. Un disco que desde su título remite a una apropiación cultural sobre materiales sonoros de origen anglosajón: jazz, música académica contemporánea, música folklórica colombiana, música postonal. Donde los títulos de las piezas, sugieren la temporalidad de este héroe, el cual llegó a Latinoamérica por la cadena radial Todelar, y luego a la pantalla grande con actores canadienses con una tez cargada de maquillaje, para así darle el elemento latino. Tal vez en ese discurso extramusical es donde habita dicho disco, en el juego de lo que significa ser colombiano o latino, en la vivencia de los poscolonial y el chiste como recurso no cómico y proxémico (como esperan muchos festivales nacionales, más que internacionales) sino como material musical, pero ¿cómo expresar chistes en términos musicales? ¿sobre todo cuando no se quiere hacer ninguno de los hijos bastardos de la ópera buffa, el musical y otros tantos géneros líricos y redundantes? Comprendiendo que la música no tiene pasaporte, como el arte, y si lo tiene es para lo que sirve el mismo: para hacer transferencias, transacciones y giros transnacionales.

No necesito nombrar mi música tecno campero modelo 79 o el chacacosteño, para lograr evidenciar mi lugar de origen, pues ese lugar no me define, simplemente es eso una espacio donde se nace, pero que no condiciona mis relaciones con el mundo, menos mi obra. Tampoco es necesario ser elegido por la beca Carlos Vives de los Latin Grammy ¿o si?

Ahora bien, Kaliman propone juegos tímbricos y contrapuntísticos que transforman la disposición orquestal de un ensamble de jazz tradicional, abordando heterofónias, imitaciones, juegos entre la masa y la densidad del grupo, incluso pequeños momentos de caos rítmico complejo, donde sólo es posible abordar de a uno cada timbre, para luego encontrar el diálogo de los mismos, una experiencia cercana a escuchar el contrapunto libre del siglo XX y XXI, con un ambiente de free jazz, bebop e improvisación libre. Es difícil aislar alguna de la piezas, incluso pareciese que el orden específico en que se disponen en el disco fuera parte de la sintaxis musical.

Los Toscos continúan muy activos, de manera individual y grupal, incluso después de participar activamente en la celebración de los 10 de matik-matik, esta semana terminó la tercera versión de El Marrano no se vende, festival de improvisación y otras rarezas musicales, el cual acogió con mayor apertura algunos de los representantes de la nueva música colombiana, agrupaciones, solistas y colectivos que solo guardan en común haber nacido en este terruño en el trópico.

Kalimán.

Goli – Otros Ojos

Goli

Otros Ojos

2018

Dice el maestro Mario Gómez-Vignes que a la hora de abordar la música vocal con lírica, debemos darle prioridad a la acentuación del mismo, evitando “malas” (las comillas son mías) interpretaciones del lenguaje. En contraposición, el maestro Coriún Aharonián decía que esto no era una regla inviolable pues en música popular, lo que le da muchas veces dicho sentido, es el juego semántico que se logra al “mal acentuar” las palabras. El disco de Sara Rodas Correa (autodenominada artísticamente Goli) comienza con un par de malas acentuaciones que tratan de sugerir intencionalidades estéticas (de la estética que significa percibir con los sentidos, no la estética de la escuela mariela, esa de lo bello y lo feo) más allá del texto a través de los sonidos. En dicha tarea se queda un poco corta, y no porque su música no sea programática (es decir con una intención extramusical descriptiva), sino porque se enfoca más en reflejar sus influencias pop en una serie de textos cortos a nivel narrativo, semántico y metafórico. Sara no es poeta, pero tampoco se necesita serlo para hacer buenas canciones con buenas letras.

La culpa no es de ella, tal vez los relatos de hoy en día no son tan sugerentes; son cortos, emocionantes, de vuelo alto y rápida caída. De pronto sonará a una queja de anciano, pero la retórica actual es más bien floja y no contempla la multiplicidad de experiencias para el escucha, sobre todo con un discurso tan poderoso y que llega a tanta gente, como lo es la canción pop.

Instrumentalmente Otros Ojos aprovecha las habilidades tímbricas del guitarrista Víctor Acevedo, que permiten una disposición armónica interesante en una secuencia simple de tres acordes. Ya la ciudad ha conocido sus texturas en diversos proyectos y denota una cierta frescura con respecto a los trabajos anteriores de esta joven artista,. Además, la banda que acompaña tiene una buena experiencia en proyectos de cortes cercanos, Alejandro Bernal en el bajo, Alfonso Posada en la Batería y Juan Diego Galvis en la guitarra e ingeniería, le dan un cierto carácter local, que se nota en canciones como Pudo ser, con su interludio instrumental muy cercano a bandas como Parlantes en su Stella Maris. Las influencias directas del disco se notan en el sonido de la chanson francesa y sus consecuencias en Latinoamérica. Algunas veces sería necesario caer al fondo real del problema en términos sonoros, hundirse en la tristeza absoluta, o llegar a una euforia que dé esa fuerza a las frases que se disponen en la voz. Un ejemplo puntual lo encontramos en Mirar: “el día no existe y la noche no existe, y un poco de luz no caería mal, ver más allá de la oscuridad, dejarse caer, todo caerá”. Lo interesante en esta estrofa es la reiteración melódica sobre esta negación: no existe, sin embargo se queda corta la intención y pareciera la imitación de la diosa de la canción iberoamericana: Natalia Lafourcade.

Rodas tiene grandes habilidades como cantante y una gran banda detrás de ella ¿por qué recaer en los lugares comunes que propone el contexto actual? Puede ser por gusto y seguramente, esto es lo que asegure el futuro éxito que vaya a tener este disco; la pregunta va más hacia ¿cuándo escucharemos a la verdadera Sara? o simplemente ¿no se puede alcanzar una obra completamente sincera, alejada de las fuertes influencias, el sonido propio que sale desde lo más hondo del ser, ese que nace de la intuición mañanera? En esa dirección, la literatura ha propuesto no exponer al autor como primer y único foco de su escritura. Ejemplos hay muchos, yo disfruto de autores como Tomás González, Fernando Vallejo o el poeta José Manuel Arango, que parten del juego de ponerse a sí mismos (y en algunos casos incluso su nombre de pila dentro de sus relatos), sin olvidar que es una representación, una ficción que le juega a la imitación de sí mismo. Pocos escritores de canciones he conocido que logren esto y tal vez me falte mucho por escuchar para lograr encontrarlos, sobre todo en nuestra lengua nativa, el español.

En una tercera escucha me detuve por un buen tiempo en aspectos sonoros más llamativos, es el caso de canciones como Perdida y Adiós, el primero por el juego rítmico sobre el ostinato propuesto entre batería y guitarra, todo esto bellamente conducido por el bajo tocado desde el sintetizador con una sinusoide que, como saben algunos, es un sonido puro, es decir, sin armónicos. Adiós, trae una atmósfera a petricor, logrado por un piano escindido en la reverberación de la sala, acompañado por la serie de armónicos artificiales en los violines y viola, y que por medio de una buena conducción de voces, logra armonizar el timbre característico de Goli. La orquestación para cuarteto de cuerdas estuvo a cargo de Simón Mesa, compositor e integrante de Hombre Memoria; ambas piezas parecieran anunciar nuevos vientos o por lo menos refrescan el panorama.

Al ahondar en un disco nuevo como éste, no queda más que desearle una buena suerte a Sara y sus acompañantes en esta nueva apuesta, cada disco es un nuevo comienzo.

kaliman.

Margarita Siempre Viva

Margarita Siempre viva

Habitación de Flagelos en C

2017

Bello – Antioquia es el municipio más grande de Colombia, un lugar donde el calor azota fuertemente y los vientos que trae el valle dan una fuerte brisa que puede tumbar ventanas, en Bello, la administración municipal asegura ser la ciudad de los artistas, lo cual sopesan con recortes presupuestales, poca oferta cultural: en términos de varios discursos y expresiones que conviven e incluso discuten, para formar una posible cultura. Contexto que encontramos en casi todo Colombia y que permite que la inconformidad o la aburrición proponga, ya lo dijo el filósofo alguna vez: la aburrición es el pájaro que empolla la imaginación.

De este lugar es Margarita Siempre Viva, su música en vivo evoca una cierta angustia adolescente, un amor que desboca en ira y una incomodidad que lograr conducir a jugar con los sonidos que logran dominar en un escenario, sus voces al unísono y con un dejo a Enrique Bunbury logra expresar todo lo que no se guardan cuando no están cantando, que en mi gusto personal es mucho, pero entiendo sus ganas de soltar todo lo que piensan, sobre todo en una época donde está mal visto guardarte tus opiniones. Es un grupo con fuerza, con apropiación sobre el terreno ya conocido por muchos: el rock alternativo, pero necesario en un escena donde se trata de hacer bandas de colegio con repertorio más actual.

Su más reciente publicación, contrasta con el material presentado en vivo, o mejor dicho, contraste en términos de forma (en términos no estructurales sino de formato) Habitación de Flagelos en C, es un disco acústico, donde como es usual encontramos letras largas, con sentido poético, narración, historias cotidianas, desazón y un poco de melancolía: ese sentimiento de asir el presente, acto inútil e imposible. El disco aprovecha los mínimos elementos con que fue construído, recurre en la fórmula del unísono vocal, con unas ciertas variaciones, recordando un poco esa sonoridad de finales de los noventas que surge en el país del norte, pero ubicándonos en un contexto local, donde se puede sentir la influencia del rock iberoamericano de las dos últimas décadas, con un toque de para algunos la banda más mítica de Medellín: Los Árboles. Las melodías de la voz, los arpegios de la guitarra y un bajo que acompaña a manera de soporte rítmico, se logran conjugar de una manera muy bonita con los pocos teclados que suelen hacer contra melodías a los motivos de la voz; en lo personal siento que la percusión menor es un elemento que se usa para no sacar al baterista de este tipo de discos, y en algunos tracks se me da la razón, en otros solo es parte de la masa sonora, un timbre más en las frecuencias de ruido: shaker y golpes de madera tal vez provocados por un par de baquetas golpeadas entre sí.

Es un disco arriesgado para el momento actual de la banda, lo cual denota una determinación y agenda más apegada a las intenciones poéticas del grupo, que ha un posible éxito o estrategia de producción. Los margaritos han estado fuertemente activos, es usual verlos en festivales, de esos donde tocan 10 bandas por $5.000 pesos, situación molesta para los que ejercemos el oficio, saber que esta desigualdad entre el dueño del local, el que escucha y el músico todavía sigue siendo un reflejo de la queja inicial, encontrarnos todavía con que “nos están dando la oportunidad”, y saber que realmente es solo la oportunidad de sobrevivir como grupo; tal vez la critica no tiene mucho sentido sin acción, tal vez negarse a tocar en espacios de este tipo podría ser la solución, o fomentar el pago digno al músico, lo determinante es saber que está en nuestro control y en que podemos incidir, seguir sacando discos sin importar cual sea el sitio de moda para tocar: donde pueden entrar hasta 800 personas y solo te dan una gaseosa y un sanduche maltrecho, te cobran por el servicio en la barra cada vez que vas por tu cerveza, y te dan el falso espaldarazo. Por fortuna, para ellos no están haciendo su música, ni para los youtubers de moda (con trastornos en el habla y el lenguaje), ni siquiera para los que hacemos reseñas bajo seudónimo en un blog.

Kaliman

Milagrito – Santiago Botero

Santiago Botero
Milagrito
Discos Chichigua
2018

Tratar de definir el término música contemporánea puede ser una discusión bizantina, sobre todo si se tiene en cuenta que para algunos el término contemporáneo es erróneo en términos temporales, y les es preferible hablar de posmoderno o música posmoderna. Este texto no pretende resolver esta problemática, más bien afirmar que Milagrito es una demostración sonora del término música contemporánea: música que ocurre en nuestro tiempo.

Milagrito es realmente una hazaña desde cualquier punto de vista, una que se felicita y se agradece enormemente, (sobre todo los profesores de orquestación e historia de la música en latinoamérica) ya que es escaso el repertorio grabado y compuesto particularmente para este bello instrumento de enormes proporciones y corto registro. El trabajo de interpretación de Botero es impecable, esto se nota en las obras que incluye de Natalia Dominguez Rangel , compositora de variedad sonora y gran actividad en el extranjero, y Enrique Mendoza ,guitarrista y compositor, conocido en la escena capitalina como Kike Mendoza, quien es además integrante de MULA una de los proyectos liderados con Botero. Por otro lado, Santiago Botero demuestra que el intérprete es un compositor en potencia, o mejor aún: el buen intérprete es un compositor en potencia, que potencializa las ideas sonoras expuestas en la música de otro, en la improvisación propia, y en este caso en particular, en la obra misma expresada a través del instrumento.

La provocación del disco no se queda en navegar en el instrumento las técnicas extendidas, la atonalidad, el ruido como materia prima, la disonancia como discurso, sino en jugar con los títulos y las posibles imágenes sonoras que podrían reflejar en el escucha: Isabel o Muchas gracias por la oportunidad, solo son importantes en términos semánticos, si conoces algo del autor, de su historia previa, pues la música, tal y como se menciona en el primer párrafo, no necesita más que oídos para percibir los múltiples contextos, tiempo para ubicar dicha experiencia y espacio para lograr sentir la coherencia presente en la obra. No es necesario recurrir a etiquetas para disfrutar o no de el acto de la escucha, se llegan allí solo por interés, esa es la parte difícil para muchos, y la encantadora para otros como yo. Si se sabe que es ruido, ese concepto tendrá ciertos linderos que tal vez importen, tal vez no pero seguro no esclarecen u oscurecen la obra terminada de Santiago, esa ya está más que lista, es memorable, aislada de conceptos como bello o feo y ahí es donde uno piensa: es completamente contemporánea.

Ahora bien, desde el punto de vista formal, podríamos pensar que Milagrito es una obra donde Botero abre y cierra con piezas que se comunican entre ellas Isabel comienza con un motivo basado en una escala pentatónica tocada en pizzicato, motivo que se vuelve a sentir en los últimos segundos de Mano rota milagrito, en medio de dicho discurso intercala las composiciones de Rangel y Mendoza, para ampliar la producción hasta campos más espectralistas del instrumento, pero sin ubicarnos en el referente directo, más bien en la comprehensión del mismo, es aquí donde el humor aparece con Muchas gracias por la oportunidad y la disonancia se apacigua en el lirismo de Sute y la Hermosa Carmen. La mezcla y la masterización de esta pieza sonora estuvo a cargo de Benjamin Calais, él mismo francés que ha llevado a punto producciones como Resiliente de Mula, Carmelo Torres y los toscos, el Karateca de Velandia, Los pirañas, gran cómplice de la música moderna colombiana, desde su cuartel general en Matik-Matik, espacio que cumple 10 años de apertura.

No siendo más, agradezco de nuevo a Botero por tan valiente material y espero vengan muchos más proyectos de este corte.

Kaliman.

Ravendark – Rising Legion EP

Ravendark
Rising legion ep
Sello: Independiente
Año: 2017

Nada mejor que comenzar diciembre con un poco de Metal, adentrarse en la velocidad de los riffs, volear mecha, sacar todos los demonios del año que se termina y sobre todo, contaminar el oído con algo diferente a “maldita navidad” o cualquiera de esas canciones oscuras, depresivas y con hedor a guarito.

Rising legión es un homenaje a todas las influencias del Ravendark, EP donde el grupo expone virtuosamente su habilidad para interpretar la conjunción entre el death, thrash y speed metal, en un ambiente completamente épico, pero de contexto cercano. Sus historias ahondan temáticas del cotidiano colombiano, representadas en la voz lírica principal de Andrés Puerta, que recibe complemento en la voz gutural de Juan Manuel Giraldo, permitiendo al escucha de metal, disfrutar de ambos lados de la moneda. Los riffs de guitarra notan una gran influencia de bandas como Blind Guardian, Megadeth, Iced Earth; pero con un cierto toque local, presente en las bandas creadoras del Ultra Metal colombiano: Parabellum, Reencarnación, incluso Masacre.

Eventualmente hay ciertos cambios en los típicos patrones del trash épico, la galopa y contragalopa habitual desaparece para darle un poco de aire a la lírica, pero sus cambios son predecibles, como sus estructuras, logrando que el EPsea un puñado de one hit wonders, pero sin profundidad, casi como una banda tributo de metal. Tanto así que el idioma predominante en la publicación es el inglés, estrategía que han utilizado en varias ocasiones los músicos de metal para lograr una supuesta circulación internacional, pero realmente hace que suene a otra banda más, no logra focalizar el producto musical, ni logra distinguirlo de nuestro contexto, ya que desde finales de los noventas hay una sobrepoblación de este tipo de música en varios ámbitos de la ciudad. La diferencia actual es básicamente que las habilidades técnicas para interpretarla (tanto a nivel de sonido, como de interpretación musical) han mejorado, este suceso tal vez responda a la cantidad de escuelas de rock, que siguieron el modelo solo rock: dar clase con la playlist de Guitar Hero por diez años y luego inundar al estudiante con metal y virtuosismo. Tal vez no sea el caso de Ravendark, tal vez son un grupo de músicos que han disfrutado del camino empirista para lograr su sonido, el cual están casi a punto de descubrir.

El filtro del empirismo requiere mucho más determinación y juicio que el de estudiar académicamente, en el caso del metal suele ser un proceso que requiere disciplina técnica, la cual muchas veces ahoga las posibilidades expresivas del instrumentista, por tratar de lograr una “excelente” interpretación; tarea que no está bien enfocada, pues las herramientas interpretativas son materiales para tener a la hora de expresar nuestros deseos sonoros, sean los que sean.

Me pregunto por qué en la actualidad el metal paisa ha dejado de ser propositivo, cuando hasta hace un par de décadas era el brebaje oscuro de donde bebían múltiples públicos. Tal vez sea un asunto de perder la autoreferenciación, ¿exceso de referencias? Alguna vez le escuche decir a Alex Oquendo que Masacre cuando se sienta a componer y producir un nuevo material, escuchan sus discos viejos y así logra ahondar en lo ya dicho, pero desde otro momento histórico para la banda. Creo que puede ser un buen tip para cualquier músico: estudia tu contexto directo, como te estudias a ti mismo. No sobra saber quiénes en nuestro terruño han hecho música parecida o no, pues como diría una banda local “no hay nada nuevo bajo el sol Simón, no hay nada nuevo”.

Kaliman

Julian Mayorga – Nixon en la playa

Julián Mayorga
Nixon en la playa – ep
Sello: independiente
Año: 2016

Julián Mayorga es un hacedor de canciones, que logra rápidamente quitarse el halo de cantautor, tan en boga en la Bogotá que logró conocer, saltándose al bando de los loopers, gracias a la rápida implementación de dicha herramienta en su set en vivo; acto que en este musico o artista (como nombran a lo que hacen show, la gente del entretenimiento) logra ser contundente, divertido y casi que nos mostrará un alter ego del Julián con el que uno habla tomando café, sin leche, tinto como se nombra en estas latitudes.

A propósito de esto, sea válida la cuña de su próximo concierto en el Sonar Bogotá.

Ahora bien, Nixon en la playa es su más reciente e.p. donde muestra una nueva faceta cercana a lo que algunos magazines culturales o revistas de música nombran como folktronica. Su propuesta atiende principalmente al ritmo como generador de movimiento, buscando tal vez una respuesta bailable en su público, superponiendo textos que tratan de contar historias de manera no convencional, juego que había logrado desarrollar muy bien en su disco Supermán y los tapires

Sin embargo, las fórmulas no siempre engrosan la propuesta, incluso dejan a la música en un tercer plano y demuestran una apropiación muy facilista en el proceso rítmico, que tal vez atraiga a nuevos públicos, cercanos a su localidad de vivienda actual (España) y obviamente a festivales “alternativos” de corte mundial, por no mencionar a las cadenas de circuitos culturales imbuídos en la onda del world music.

Mayorga dejó de lado el discurso musical por entretener y esto último, ya lo hacía en su show en vivo, incluso lograba tener un discurso teatral que hace pensar que existe un guión detrás de todo. Hace poco ví un clip de video donde Mayorga afirma que no es buen músico, siento que es una falsa modestia sobre lo que realmente demuestra su música. Me explico: su ideas musicales no lograron formalizarse en un estilo propio que se pueda escuchar, se han quedado en el terreno de la metáfora y las ideas debe asentarlas y acentuarlas, según sus posibilidades dentro del lenguaje.

Espero con ansías otro disco de Julián, uno que sonsaque de nuevo los oídos.

Kaliman.

Los Maricas – Escupiendo tulipanes

Los Maricas
Escupiendo tulipanes
Año: 2017

Ya ha pasado casi medio milenio desde que Quevedo afirmaba que “cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, condenamos el futuro sin conocerlo”. Mientras Medellín sigue ignorando los nuevos exponentes y se empeña en buscar la batuta del punk local en viejos personajes varados en el tiempo, Bogotá crece y explora nuevas formas, hasta encontrar actualizaciones de un género saturado y para muchos, caduco.

Desde su inicio en el 2012, Los Maricas no ha parado de entregarnos música con regularidad, siguiendo una clara tendencia punk, pero flirteando con algo de surf, pop, emo y un poco de hard core. Así que pueden tildarme de cándida, pero esta increíble mixtura hace de Los Maricas algo difícil de ignorar y verdaderamente importante.

Escupiendo tulipanes,  nombre dado a su primer larga duración, es el resultado de ese proceso, la consolidación de un sonido que se venía forjando tiempo atrás y que se ha venido vislumbrando desde la publicación de sus dos ep’s: “El verano” y “El invierno”. Una idea definida a priori y que les ha tomado 6 ep’s para llevarla a cabo.

Brownie, Jeffry, Melissa y Álvaro tocan sin parar, y en Escupiendo Tulipanes es algo que se nota a leguas. Esa apropiación natural del género les permite moverse libremente con total desenfado, situación que los lleva a una inmanencia y coherencia tal,  que es difícil encontrar un disco igual de perfecto en Colombia este año.

Con una compleja adaptación de un género enraizado en nuestro país y aceptando referentes de todas partes, Los Maricas llegan a reclamar un trono que bien se merecen, pero que con seguridad, la ceguera de los críticos musicales actuales se ensañará en negarles.

Anna Ching